“La desinformación es uno de los retos más grandes que enfrentamos hoy en pediatría”, afirma la Dra. Marielys Agosto, pediatra y presidenta de la Sociedad Puertorriqueña de Pediatría, al señalar un fenómeno que ya impacta directamente la práctica clínica y la toma de decisiones en salud infantil.
Desinformación como riesgo en la práctica pediátrica
El acceso masivo a información no validada está modificando la forma en que los padres toman decisiones sobre la salud de sus hijos. Este cambio no es menor: influye en conductas relacionadas con vacunación, controles médicos y adherencia a recomendaciones clínicas.
“Las decisiones en salud deben tomarse con el pediatra, no con las redes sociales”, enfatiza la pediatra.
En este escenario, el pediatra no solo diagnostica y trata, sino que también debe intervenir como filtro de información confiable, corrigiendo conceptos erróneos que pueden afectar el bienestar del paciente.
Prevención y educación como respuesta clínica
Frente a este desafío, la prevención adquiere un rol aún más estratégico. No se trata únicamente de evitar enfermedades, sino de educar activamente a las familias para fortalecer la toma de decisiones informadas.
“La pediatría mantiene una base clara y es la prevención”, subraya la especialista, destacando que el acompañamiento debe comenzar desde los primeros meses de vida.
Durante el 73er Congreso de la especialidad, que reunió a más de 350 profesionales, se reforzó la necesidad de integrar la educación médica como parte del abordaje clínico cotidiano.
Un enfoque integral en el desarrollo infantil
El impacto de la desinformación se amplifica en un contexto donde el desarrollo infantil depende de múltiples factores. La pediatría actual integra nutrición, salud mental, inmunización y entorno social como determinantes clave.
Esto exige una comunicación más clara, constante y basada en evidencia entre el médico y la familia, especialmente en etapas críticas del crecimiento.
“El pediatra no solo trata enfermedades, acompaña todo el proceso de crecimiento del niño”, concluye la especialista.
En este nuevo escenario, el mensaje es contundente: combatir la desinformación se ha convertido en una intervención clínica en sí misma, clave para proteger la salud infantil y mejorar los resultados a largo plazo.









