La salud emocional no es un aspecto secundario en el abordaje del cáncer. Por el contrario, juega un papel determinante tanto en la conducta del paciente como en su respuesta fisiológica ante la enfermedad.
Así lo explica la Dra. Ana Cecilia Sala, directora asociada de la Clínica de Oncología Conductual e investigadora auxiliar del Centro Comprensivo de Cáncer de la UPR, quien resalta que las emociones no solo influyen en cómo nos sentimos, sino también en cómo actúa nuestro cuerpo. “Las respuestas emocionales guían nuestras conductas, pero además producen cambios fisiológicos. Por ejemplo, el estrés crónico puede generar inflamación y afectar el curso de la enfermedad”, señala.
Cómo las emociones impactan el comportamiento del paciente
El impacto de la salud emocional también se refleja en hábitos cotidianos que pueden influir directamente en la evolución clínica. Una persona con ansiedad, por ejemplo, puede experimentar alteraciones en el sueño o cambios en la alimentación, mientras que alguien con síntomas depresivos puede tender al aislamiento y a la inactividad física.
Estas conductas, según la especialista, terminan incidiendo en la salud general del paciente y en su capacidad de enfrentar la enfermedad. Desde la oncología conductual, el abordaje emocional incluye tanto la prevención como el manejo de condiciones como la ansiedad y la depresión.
Entre las principales recomendaciones se encuentran:
- Mantener una dieta balanceada
- Realizar actividad física regular
- Priorizar un buen descanso
- Establecer metas realistas y alcanzables
“La falta de sueño, incluso por una sola noche, puede tener consecuencias en el organismo”, advierte la Dra. Sala. A esto se suma la importancia del autocuidado, entendido como la incorporación de actividades que generen bienestar, como el arte, la música o compartir tiempo con mascotas.
Técnicas para regular las emociones en momentos difíciles
En situaciones de alta carga emocional, existen herramientas prácticas que pueden ayudar a los pacientes a autorregularse.
Entre ellas destacan:
- Ejercicios de respiración consciente
- Técnicas de relajación
- Ejercicios de visualización, como recrear mentalmente momentos positivos de la vida
Estas estrategias permiten reducir la ansiedad en tiempo real y mejorar la capacidad de afrontamiento.
Uno de los mensajes más importantes es que no es necesario tener un diagnóstico formal de salud mental para buscar apoyo. “Las emociones existen en un continuo. No importa en qué punto estés, atender la salud emocional siempre tendrá un beneficio”, enfatiza la experta.
Este enfoque busca romper con la idea de que solo los casos severos requieren intervención, promoviendo una atención integral desde etapas tempranas. La evidencia señala que los picos de ansiedad en pacientes con cáncer suelen ocurrir en momentos clave del proceso, conocidos como “transiciones de cuidado”.
Entre ellos se incluyen:
- La espera de resultados tras una biopsia
- El paso del diagnóstico al tratamiento
- Los cambios en el plan terapéutico
Durante estas etapas, la incertidumbre puede intensificarse, especialmente en un entorno donde el acceso a información es constante.
Un llamado a vivir el proceso “día a día”
Para enfrentar estos momentos, la Dra. Sala propone una analogía sencilla: la vida como un círculo dividido entre hechos y pensamientos. “Los hechos son lo que sabemos: un diagnóstico, una prueba, un médico. La otra mitad la llenamos con nuestros pensamientos, y ahí es donde puede aumentar la ansiedad”.
Por ello, recomienda evitar la sobreinformación y centrarse en vivir el proceso “un día a la vez”, apoyándose en herramientas de autocuidado y regulación emocional. Integrar la salud emocional en el tratamiento del cáncer no es opcional, es esencial. Su impacto en el comportamiento, la fisiología y la adherencia al tratamiento la convierte en un componente clave para mejorar la calidad de vida y los resultados clínicos de los pacientes.









