La vacunación pediátrica continúa siendo una de las intervenciones más efectivas en salud pública. Sin embargo, su sostenibilidad enfrenta un desafío creciente: la circulación de información errónea en redes sociales y la interpretación confusa de recientes ajustes regulatorios. En este contexto, la adherencia al esquema infantil depende no solo del acceso, sino también de la capacidad del sistema sanitario para comunicar con precisión científica.
“El rol actual de la vacunación sigue siendo la prevención de enfermedades contagiosas y prevenibles”, afirma el Dr. Gerardo Tosca, director científico del Congreso Anual de la Sociedad Puertorriqueña de Pediatría. Para el especialista, el calendario vacunal no representa una recomendación aislada, sino una estrategia estructurada de protección individual y colectiva que se actualiza anualmente según evidencia epidemiológica.
El esquema pediátrico responde a ventanas inmunológicas específicas, diseñadas para proteger al menor en etapas de máxima vulnerabilidad. Su cumplimiento oportuno es determinante para reducir hospitalizaciones, secuelas graves y mortalidad asociada a enfermedades inmunoprevenibles.

Divergencias regulatorias y confusión parental
Uno de los puntos más sensibles en la discusión reciente ha sido la diferencia entre ciertos ajustes del Centers for Disease Control and Prevention (CDC) y la postura sostenida por la Academia Americana de Pediatría. “El CDC no eliminó vacunas; eliminó algunos requisitos universales. Eso ha generado mucha confusión”, explica el especialista.
Según detalla, algunas vacunas dejaron de presentarse como mandatorias en determinados contextos regulatorios, mientras que la academia pediátrica mantiene su recomendación plena dentro del esquema infantil.
“En Puerto Rico, los pediatras nos seguimos rigiendo por el esquema de la Academia Americana de Pediatría, que conserva las vacunas como estaban antes, con sus requisitos y edades específicas”, puntualiza el Dr. Tosca.
Desde una perspectiva clínica, esta diferencia no implica contradicción científica, sino matices en política sanitaria y formulación normativa. No obstante, para los cuidadores, la percepción pública puede traducirse en dudas sobre necesidad, seguridad o prioridad.
La expansión de contenido no verificado ha intensificado esta incertidumbre. “La desinformación o la información incorrecta que vemos en redes sociales es uno de los mayores retos”, advierte el especialista.
Cobertura vacunal y protección colectiva
La reducción en la percepción de riesgo también contribuye a la hesitación vacunal. Al no observarse brotes frecuentes de ciertas enfermedades, parte de la población asume erróneamente que la inmunización ha perdido relevancia.
“La gente piensa que no vemos estas enfermedades porque ya no existen, pero no las vemos precisamente porque vacunamos”, enfatiza el Dr. Gerardo Tosca.
La efectividad de un programa vacunal no se mide únicamente por protección individual, sino por su capacidad de sostener la inmunidad colectiva. “En Puerto Rico mantenemos coberturas entre 94 % y 96 % en la mayoría de las vacunas”, señala.
Ese nivel de adherencia protege no solo a quienes reciben la inmunización, sino también a pacientes inmunocomprometidos, lactantes no vacunados o menores con respuesta inmune insuficiente. Desde la salud pública, mantener coberturas elevadas es esencial para evitar la reemergencia de patologías con alto potencial de complicación, hospitalización y mortalidad.

Educación científica como respuesta sanitaria
Frente al entorno actual, la estrategia más efectiva no es únicamente reforzar campañas, sino reconstruir la confianza desde información validada y comunicación clara. “Ahora el reto es volver a educar: explicar el porqué y la razón de cada vacuna”, sostiene el Dr. Gerardo Tosca.
La educación debe ocurrir en consultas rutinarias, medios de comunicación y plataformas digitales, con mensajes adaptados a cada etapa del desarrollo infantil. “Las personas deben buscar información en entes científicos y probados, no solo porque se oye en redes quiere decir que está bien”, subraya.
En un escenario donde la desinformación circula con rapidez, la vacunación pediátrica exige una respuesta igualmente dinámica: basada en evidencia, respaldada por profesionales y centrada en la protección colectiva. La prevención sigue siendo el eje de la pediatría moderna; sostenerla dependerá, cada vez más, de la calidad del conocimiento que llega a las familias.









