Formación cardiológica exige base internista y actualización constante

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Dr. Hilton Franqui Rivera, presidente y gobernador entrante del American College of Cardiology Puerto Rico Chapter y catedrático del Recinto de Ciencias Médicas. Foto tomada por PHL.

La formación en cardiología se ha convertido en un componente crítico para sostener los sistemas de salud, especialmente en escenarios donde la escasez de especialistas comienza a impactar el acceso a atención cardiovascular. Desde la academia, el desafío no es solo formar médicos, sino garantizar perfiles clínicos capaces de responder a una disciplina en rápida evolución.

“Es una tarea muy bonita, pero también es una responsabilidad enorme, porque estamos formando a quienes van a sostener la cardiología en el futuro”, afirma el Dr. Hilton Franqui Rivera, presidente y gobernador entrante del American College of Cardiology Puerto Rico Chapter y catedrático del Recinto de Ciencias Médicas

Academia, investigación y tecnología

El rol actual de la academia va más allá de la enseñanza tradicional: integra formación clínica, investigación y actualización continua en un mismo ecosistema. En Puerto Rico, los programas de cardiología se desarrollan en centros con alta carga asistencial, lo que permite una formación anclada en la práctica real. “Si la academia no se mueve, la medicina no avanza. La investigación es lo que empuja todo”, enfatiza el especialista.

Este modelo se ve impulsado por una cardiología cada vez más tecnológica. Nuevas herramientas diagnósticas, terapias avanzadas y subespecialidades emergentes han transformado el entrenamiento.

“La cardiología ha cambiado radicalmente. Cada vez hay más ramas, más tecnología y más exigencia para el médico en formación”, advierte el cardiólogo.

Competencias y retos en la formación del cardiólogo moderno

En este contexto, una de las competencias más críticas sigue siendo la base clínica. La subespecialización no sustituye el conocimiento integral del paciente. “Para ser cardiólogo, primero hay que ser un excelente internista. Si no dominas el paciente completo, no puedes dominar el corazón”, subraya el especialista.

El entrenamiento formal, de aproximadamente tres años, exige dominio en áreas como imagen cardiovascular, intervencionismo, pruebas no invasivas y manejo clínico complejo. Sin embargo, la formación enfrenta retos importantes.

“Los mayores desafíos no siempre son clínicos, son estructurales: requisitos de acreditación, acceso a ciertas rotaciones, exposición a tecnologías que no siempre están disponibles”, explica el Dr. Rivera.

Ante esto, la colaboración entre instituciones se ha convertido en una solución clave. La integración de rotaciones entre hospitales permite compensar limitaciones y ampliar la experiencia formativa.

Una visión que amplía el alcance de la cardiología

Desde su nuevo rol como presidente y gobernador entrante del American College of Cardiology Puerto Rico Chapter, el Dr. Hilton Franqui Rivera plantea una agenda centrada en educación, acceso y prevención. 

“No podemos limitarnos al cardiólogo. Tenemos que impactar al médico primario y a la comunidad”, sostiene el especialista. Entre sus prioridades destacan el fortalecimiento de la educación médica continua, la integración del médico general en el manejo cardiovascular y la promoción de estrategias de salud pública.

“Hay cosas básicas que todavía faltan, como acceso a desfibriladores o entrenamiento en resucitación. Eso salva vidas y no puede seguir siendo opcional”, concluye el cardiólogo.

En un escenario de alta demanda y rápida innovación, la formación cardiológica se redefine como un proceso dinámico, donde la base clínica, la tecnología y la educación continua determinan la calidad del especialista y, en última instancia, los desenlaces en salud.

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