El cerebro depende de la glucosa como su principal fuente de energía para mantener funciones como el pensamiento, la memoria y el aprendizaje. Sin embargo, cada vez más investigaciones sugieren que el consumo frecuente de azúcares añadidos y alimentos ricos en grasas no solo altera los mecanismos de recompensa del organismo, sino que también podría aumentar el riesgo de deterioro cognitivo y acelerar el envejecimiento cerebral.
Diversos estudios científicos han comenzado a diferenciar el papel fisiológico de la glucosa, indispensable para el organismo, del impacto que tiene una alimentación rica en productos ultraprocesados con altos contenidos de azúcar añadido.
No todos los azúcares tienen el mismo efecto
De acuerdo con una revisión publicada en Nature en 2023, es importante distinguir entre los azúcares libres y los azúcares añadidos. Los primeros incluyen los presentes de manera natural en la miel, los jarabes y los jugos, además de aquellos incorporados a algunos alimentos, mientras que los azúcares añadidos corresponden específicamente a los que se incorporan durante la fabricación industrial de productos como bebidas azucaradas, postres y alimentos procesados.
Los especialistas recuerdan que la glucosa es indispensable para el funcionamiento de todas las células del organismo. No obstante, el exceso sostenido de azúcares añadidos puede alterar el equilibrio metabólico y favorecer complicaciones que también afectan al sistema nervioso.
La doctora Vera Novak, profesora asociada de la Facultad de Medicina de Harvard, explicó que el cerebro utiliza aproximadamente el 20 % de la energía derivada de la glucosa del metabolismo basal. «El cerebro depende del azúcar como su principal combustible. No puede funcionar sin ella», señaló la especialista.
Según Harvard, cuando los niveles de glucosa son demasiado bajos, disminuye la producción de neurotransmisores y se altera la comunicación entre las neuronas. Sin embargo, mantener concentraciones elevadas de glucosa durante largos periodos, especialmente en personas con diabetes tipo 2, puede afectar la conectividad cerebral, el flujo sanguíneo y favorecer procesos de atrofia cerebral.
Azúcar y grasa activan los circuitos de recompensa
Las investigaciones también muestran que los alimentos ricos en azúcar y grasa estimulan intensamente los circuitos de recompensa del cerebro mediante la liberación de dopamina, un neurotransmisor relacionado con el placer y la repetición de conductas.
Un metaanálisis publicado en The Journal of Neuroscience señala que estos nutrientes activan sensores ubicados tanto en la boca como en el intestino, enviando señales hacia regiones cerebrales relacionadas con la recompensa.
De acuerdo con los estudios citados, los alimentos con altas concentraciones de grasa y azúcar pueden incrementar los niveles de dopamina en el cuerpo estriado hasta en un 200 % respecto a los niveles normales, lo que ayuda a explicar por qué estos productos resultan especialmente atractivos y favorecen su consumo repetido.
Uno de los hallazgos más relevantes de la revisión publicada en Nature fue el análisis de 77 estudios en humanos. Los investigadores encontraron que todos los estudios de cohortes y ocho de nueve estudios transversales identificaron una relación significativa entre un mayor consumo de azúcares añadidos y un incremento del riesgo de deterioro cognitivo.
En contraste, algunos estudios observaron una asociación entre el consumo de alimentos con fructosa natural, presente en frutas, y un menor riesgo de deterioro cognitivo, lo que refuerza la importancia de diferenciar el origen de los azúcares presentes en la alimentación.
Harvard advierte que las alteraciones prolongadas del metabolismo de la glucosa pueden tener consecuencias importantes para la salud neurológica. «La diabetes tipo 2 acelera el envejecimiento cerebral», afirmó la doctora Vera Novak.
Según la especialista, la enfermedad puede favorecer la atrofia cerebral, la afectación de los pequeños vasos sanguíneos y aumentar el riesgo de desarrollar demencia vascular, especialmente cuando el control glucémico es deficiente durante años.
Los expertos coinciden en que la glucosa continúa siendo indispensable para el funcionamiento cerebral. Sin embargo, la evidencia científica respalda la recomendación de limitar el consumo de azúcares añadidos y alimentos ultraprocesados ricos en grasa, favoreciendo una alimentación equilibrada basada en alimentos frescos y mínimamente procesados.
Mantener niveles adecuados de glucosa en sangre, junto con hábitos de vida saludables, podría contribuir no solo a la salud metabólica, sino también a preservar la memoria, el aprendizaje y otras funciones cognitivas a lo largo de la vida.









