«Hay un antes y un después»: Maritza Soto enfrentó el diagnóstico que cambió su vida

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Lcda. Maritza Soto, salubrista, científica y sobreviviente de cáncer de seno. Foto original PHL.

Recibir un diagnóstico de cáncer es una de las experiencias más difíciles que puede enfrentar una persona. En apenas unos segundos, la incertidumbre, el miedo y las preguntas sobre el futuro comienzan a ocupar un lugar central. Sin embargo, para la Lcda. Maritza Soto, salubrista, científica y sobreviviente de cáncer de seno, aquel instante también significó el comienzo de una decisión: luchar.

Durante una entrevista con Public Health PR, Soto compartió cómo vivió ese momento, las emociones que experimentó al conocer su diagnóstico y el papel fundamental que desempeñan tanto el equipo médico como el apoyo familiar para afrontar una enfermedad que cambia la vida.

«Escuchar esas tres palabras cambia la vida»

Para Maritza Soto, no existe una forma sencilla de prepararse para recibir un diagnóstico de cáncer. Asegura que escuchar esas tres palabras marca un antes y un después para cualquier paciente. «Definitivamente, en el momento que el médico te dice ‘tú tienes cáncer’, hay un antes y un después de ese momento. Está el momento en que te sentaste ahí sin saber lo que te ibas a enfrentar y el momento en que te dicen que tienes cáncer».

Explica que, a partir de ese instante, cada persona enfrenta una decisión profundamente personal: aceptar el tratamiento y luchar contra la enfermedad o, por miedo o incertidumbre, optar por no hacerlo. «Tienes dos caminos para tomar. Tienes el camino de hacer algo sobre tu vida o de no hacerlo. Esa es una decisión muy personal».

La licenciada reconoce que ha conocido pacientes que, por temor al proceso o por diferentes creencias, han decidido no iniciar tratamiento. Sin embargo, insiste en que la fe y la medicina no son caminos opuestos. «Necesitamos la oración en todo momento, pero Dios dio a los médicos y dio los medicamentos para que podamos realmente seguir hacia adelante. La decisión tiene que ser que uno se mueva hacia delante y trate la condición».

Una vida marcada por la resiliencia antes del cáncer

Aunque el diagnóstico representó un golpe inesperado, Soto reconoce que su historia personal le había enseñado, desde muy joven, a enfrentar la adversidad.

La pérdida de su madre cuando apenas tenía 11 años, el abandono de su padre y las múltiples dificultades que atravesó durante su infancia moldearon una fortaleza que años después sería determinante para enfrentar la enfermedad. «Fui sobreviviente antes de saber que era sobreviviente».

La salubrista recuerda que todas aquellas experiencias la prepararon para responder de una manera distinta cuando llegó el cáncer. «Cuando años más tarde me llega el diagnóstico de cáncer, realmente enfrentan a una mujer que había aprendido a resistir».

Como ocurre con muchos pacientes, los primeros segundos tras recibir el diagnóstico estuvieron cargados de incertidumbre. Sin embargo, esa sensación dio paso rápidamente a una actitud enfocada en buscar soluciones. «Tuve unos 30 segundos de tratar de digerir lo que significaban esas tres palabras».

Después de ese breve momento de impacto, tomó una decisión que marcaría el resto de su proceso. «Le dije al doctor: ‘¿Y qué hay que hacer?’, porque yo no me iba a dejar rendir. Si había llegado hasta ahí, yo no me iba a dejar rendir». Para Soto, asumir una actitud activa frente al tratamiento fue esencial para comenzar el camino hacia la recuperación. Más allá del conocimiento científico, Soto considera que los profesionales de la salud tienen la responsabilidad de comunicar un diagnóstico con empatía.

En su experiencia, las palabras de su médico fueron determinantes para afrontar el proceso con esperanza. «El profesional de la salud tiene que ser una persona empática. Hay que decir el diagnóstico, pero también hay que saber cómo decirlo».

Recuerda que, tras observar el impacto de la noticia, su médico se tomó el tiempo de explicarle que el cáncer no significaba el final de su vida. «Me dijo: ‘Esto no es el fin del mundo. Es un diagnóstico que se trata, se trabaja y tú vas a seguir tu vida. Va a haber días más difíciles que otros, pero tú vas a salir de esto’.

Para Maritza Soto, ese mensaje fue tan importante como cualquier procedimiento médico. «Ese es un primer punto: tu médico, la persona en quien tú confías sobre tu condición».

Además del acompañamiento médico, Soto considera indispensable que el paciente cuente con una red de apoyo durante todo el proceso. En su caso, su esposo, quien también es médico, vivió el diagnóstico desde una doble perspectiva: como profesional de la salud y como compañero de vida.

Sin embargo, ella comprendió que necesitaba algo distinto. «Yo necesito que tú seas mi esposo ahora. Tú no eres mi médico; tú eres mi esposo. Yo necesito tu apoyo». Explica que quienes acompañan a una persona con cáncer deben ofrecer seguridad, comprensión y cercanía, especialmente durante los momentos más difíciles. «Un paciente de cáncer necesita tener alguien a su lado porque va a haber días muy difíciles».

Pedir ayuda también es un acto de fortaleza

Soto reconoce que muchas personas, especialmente las mujeres, sienten la necesidad de aparentar fortaleza en todo momento. Sin embargo, considera que uno de los aprendizajes más importantes durante el tratamiento es aceptar que no siempre se puede enfrentar todo en solitario. «Queremos hacerlo todo y creemos que somos ‘Superwoman’, pero la realidad es que no lo somos».

Por ello, invita a los pacientes a darse permiso para expresar sus emociones y aceptar el apoyo de quienes los rodean. «Tenemos que darnos permiso de sentirnos mal, de pedir ayuda y de tener a alguien a nuestro lado que realmente nos pueda dar la mano en esos momentos».

Asimismo, subraya que esta necesidad no distingue entre hombres y mujeres. «Los hombres también necesitan ese apoyo. Muchas veces se espera que sean fuertes todo el tiempo y eso es injusto. Son seres humanos igual».

A lo largo de su testimonio, Maritza Soto deja claro que el cáncer cambia la vida, pero no determina necesariamente el futuro de quien lo enfrenta. Su experiencia refleja que, aunque el miedo forma parte del proceso, la decisión de buscar tratamiento, confiar en el equipo médico y apoyarse en los seres queridos puede convertirse en el primer paso hacia una nueva oportunidad.

Como ella misma resume, el momento del diagnóstico representa un antes y un después, pero también puede ser el comienzo de una historia marcada por la resiliencia, la esperanza y la decisión de seguir adelante.

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