El acoso escolar puede ir mucho más allá de una situación puntual entre compañeros. Cuando las agresiones se vuelven repetitivas y existe un desequilibrio de poder, pueden afectar el bienestar emocional, físico y académico de niños y adolescentes.
Así lo explicó la Dra. Myrmarie Cruz, residente de tercer año del programa de Pediatría de la Universidad de Puerto Rico, quien destacó la importancia de reconocer las señales de alerta y actuar de manera temprana.
¿Qué se considera acoso escolar?
De acuerdo con la Dra. Cruz, no todo conflicto entre estudiantes constituye bullying. Una diferencia o discusión entre dos niños puede formar parte de las relaciones cotidianas, pero el acoso escolar presenta características específicas. “Un acoso es de manera repetida y vamos a ver que el acosador va a intentar intervenir varias veces con el acosado y también hay un desequilibrio de poder”.
La especialista explicó que estas conductas pueden manifestarse de distintas maneras. Entre ellas se encuentran las agresiones físicas, como empujar o golpear; las verbales, mediante insultos, humillaciones o comentarios ofensivos; y las formas de exclusión social.
También existe el ciberacoso, que ocurre mediante redes sociales, mensajes y otros entornos digitales. “Hay muchas maneras en las que podría estar habiendo el acoso”, señaló.
El cuerpo también puede dar señales
Uno de los principales retos para identificar estas situaciones es que los niños no necesariamente cuentan de forma directa lo que están viviendo. “Muy rara vez el niño va a venir directamente a donde nosotros, como padres, a dejarnos saber que está siendo acosado. Así que es importante que podamos preguntar directamente a nuestros niños si están siendo acosados”, explicó la Dra. Cruz.
Por eso, los cambios en la conducta cotidiana pueden convertirse en señales importantes para los padres.
Entre las manifestaciones que pueden observarse están:
- Rechazo o resistencia a ir a la escuela.
- Disminución del rendimiento académico.
- Dolor de cabeza, especialmente antes de acudir a clases.
- Dolor abdominal u otras molestias físicas.
- Tos u otros síntomas que aparecen sin una explicación clara.
- Cambios relacionados con el estado emocional del niño.
La pediatra explicó que algunos de estos síntomas pueden estar relacionados con el intento del niño de evitar regresar al lugar donde ocurre el acoso. “Empiece a demostrar estos síntomas físicos que, pues, el fin es no llegar a la escuela y evitar el enfrentamiento con el acosador escolar”.
Cuando la ansiedad también se manifiesta físicamente
El impacto del bullying no necesariamente permanece limitado al entorno escolar. Según la Dra. Cruz, los niños que atraviesan estas experiencias pueden presentar ansiedad y depresión, además de dificultades académicas.
La especialista destacó que investigaciones han relacionado el acoso con consecuencias que pueden extenderse a largo plazo.“Los pacientes que padecen de acoso, pues a largo plazo podrían desarrollar depresión, ansiedad”, afirmó.
En algunos casos, la experiencia emocional puede incluso expresarse a través del cuerpo. “Cuando empezamos a presentar síntomas físicos, pues se puede entender que el acoso está siendo, nosotros le llamamos en medicina, somatizando; lo que significa es que lo que estoy sintiendo se está expresando a través de síntomas físicos”.
Estos síntomas pueden terminar afectando también el desempeño académico y la salud mental del menor. A diferencia del acoso que ocurre exclusivamente dentro de la escuela, el ciberacoso puede acompañar al menor incluso después de regresar a casa. “Pues el ciberacoso puede estar afectando al niño constantemente, no solamente cuando esté en la escuela, sino en su casa puede estar recibiendo mensajes constantes del acosador”.
Esto puede hacer que el menor sienta que no tiene un espacio completamente seguro para alejarse de la situación. La doctora también resaltó la importancia de que los padres conozcan los entornos digitales en los que participan sus hijos y estén atentos a los mensajes que reciben. “Sería importante que nosotros como padres sepamos los mensajes que está recibiendo nuestro niño, podamos verificar de vez en cuando los teléfonos y también protegerlos de redes sociales y otros entornos que tengan acceso”, recomendó.
Para la Dra. Myrmarie Cruz, uno de los elementos fundamentales es observar la repetición de la conducta y el desequilibrio de poder. Mientras un conflicto puede surgir entre dos estudiantes que tienen una diferencia determinada, en el acoso existe un patrón en el que una persona dirige reiteradamente conductas agresivas hacia otra.
Además, no siempre se trata de golpes o insultos. El aislamiento también puede formar parte del problema. La especialista mencionó como ejemplo cuando se intenta “evadir al niño o no incluirlo en ciertas áreas sociales”. Ante la sospecha de que un niño está siendo víctima de acoso, la recomendación principal de la Dra, Cruz es preguntar y escuchar.
Los padres no deben esperar necesariamente a que el menor se acerque por iniciativa propia para contar lo que sucede. “Para los padres es sumamente importante preguntar sobre si está siendo acosado en la escuela, porque probablemente nuestro niño no nos va a decir que está siendo acosado”.
La pediatra insistió en que reconocer las señales tempranas permite buscar apoyo y evitar que la situación continúe afectando el bienestar del menor. “Preguntar y escuchar va a ser una de las cosas más importantes”, concluyó.









