“Una pequeña muestra de piel puede cubrir un área muy amplia” – Dra. Margarita Ramos

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Dra. Margarita Ramos, especialista en cirugía de quemaduras y reconstrucción de piel. Foto proporcionada a PHL.

Una muestra de piel del tamaño aproximado de una tarjeta de crédito puede utilizarse para cubrir superficies mucho mayores en pacientes con quemaduras extensas. La técnica toma piel del propio paciente, la procesa mediante enzimas y la aplica como un injerto en spray, distribuyendo células cutáneas sobre un área amplia.

La Dra. Margarita Ramos, especialista en cirugía de quemaduras y reconstrucción de piel, explicó que “estas tecnologías representan una evolución en el manejo de las quemaduras, cuyo objetivo no es solo cerrar la herida, sino restaurar la función y la calidad de vida”.

Del autoinjerto a la reconstrucción avanzada

El autoinjerto consiste en trasladar piel del propio paciente desde una zona donante hacia el área que necesita cobertura. Puede realizarse mediante injertos de espesor parcial o completo, según la profundidad de la lesión y las características de la zona que debe reconstruirse.

“Es un tejido de uno mismo que se trasplanta de un lado donde hay piel normal, que sería el donante, hacia el lado donde hace falta piel”, explicó la experta.

Los injertos de espesor completo pueden ser especialmente importantes en zonas donde se necesita preservar sensibilidad y función, como las palmas de las manos. “Saber hacer el injerto tiene su arte”, destacó la especialista, al señalar que la técnica y la zona donante deben seleccionarse según si se reconstruirá un párpado, un dedo, una rodilla u otra superficie.

Una pequeña muestra para una gran superficie

En las quemaduras extensas, la disponibilidad de piel puede convertirse en un desafío. Una de las alternativas más recientes es el injerto de piel en spray, en el que se obtiene una pequeña muestra del paciente y se procesa con enzimas dentro de la sala de operaciones, bajo condiciones estériles.

Posteriormente, el material se aplica sobre la quemadura mediante un dispositivo que permite distribuir las células cutáneas. “Esto va a depositar las células de la piel y va a abarcar un área muy amplia”, explicó la Dra. Ramos.

Según la especialista, esta tecnología ha evolucionado particularmente durante los últimos cinco años y permite acelerar la cobertura de quemaduras extensas, ampliando las posibilidades de reconstrucción cuando existe una pérdida considerable de piel.

Cerrar la herida no es el final

La necesidad de reconstrucción también depende de la evolución de la herida. La Dra. Ramos explicó que cuando una quemadura no ha sanado alrededor de tres semanas, puede indicar una lesión profunda que requiera cobertura quirúrgica.

Una cicatrización prolongada puede favorecer la aparición de cicatrices hipertróficas, asociadas con síntomas como picor, ardor, dolor e hipersensibilidad, que pueden comprometer la función y la calidad de vida.

Por eso, la reconstrucción busca mucho más que cubrir una superficie. “Queremos que este paciente se recupere, vuelva a sus actividades. Si era un atleta, que pueda volver a hacerlo lo más posible, lo que le hace feliz y lo que le da propósito en su vida”, expresó la experta.

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De la reconstrucción a la regeneración

El campo continúa avanzando hacia estrategias que buscan estimular la reparación del tejido, entre ellas la investigación con exosomas y células madre, además de tecnologías dirigidas al tratamiento de cicatrices.

La evolución apunta a un objetivo más amplio: restaurar piel, movimiento, sensibilidad y función, para que la recuperación no termine cuando la herida cierra, sino cuando el paciente pueda volver, en la medida de lo posible, a su vida cotidiana.

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