Dolor persistente en espondiloartritis podría tener causas distintas a la inflamación activa 

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Especialistas advierten que el dolor persistente en la espondiloartritis no siempre indica inflamación activa ni fracaso del tratamiento.

Aunque los tratamientos biológicos y los fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad (DMARD) han transformado el manejo de la espondiloartritis, numerosos pacientes continúan experimentando dolor, rigidez y limitaciones funcionales incluso cuando la inflamación está controlada. Especialistas advierten que estos síntomas residuales no siempre representan un fracaso terapéutico, sino que pueden estar relacionados con otros mecanismos de dolor y enfermedades coexistentes.

La espondiloartritis comprende un grupo de enfermedades inflamatorias que afectan principalmente la columna vertebral, las articulaciones sacroilíacas y las zonas donde los tendones y ligamentos se insertan en los huesos.

El Dr. Abhijeet Danve, especialista de la Facultad de Medicina de Yale, explicó a MedPage Today que, incluso en ensayos clínicos exitosos, solo entre el 40 % y el 55 % de los pacientes alcanzan una mejoría ASAS40, indicador que refleja una reducción significativa de los síntomas y las limitaciones asociadas con la enfermedad.

Según el especialista, estos resultados evidencian que los síntomas pueden persistir a pesar de un tratamiento adecuado de la inflamación. Entre las posibles causas se encuentran el dolor nociplástico, relacionado con alteraciones en el procesamiento del dolor, el daño estructural, la degeneración de los discos intervertebrales y otras condiciones musculoesqueléticas.

Nuevos tratamientos muestran avances, pero persisten desafíos

Los estudios recientes con filgotinib, un inhibidor selectivo de las quinasas Janus (JAK), mostraron respuestas ASAS40 en aproximadamente el 35 % al 40 % de los pacientes, frente al 18 % al 21 % de quienes recibieron placebo. Por su parte, vunakizumab, un anticuerpo monoclonal dirigido contra la interleucina 17A (IL-17A), alcanzó respuestas ASAS20 en el 65,6 % de los participantes, comparado con el 42,5 % del grupo placebo.

Aunque estos resultados son prometedores, los especialistas destacan que una respuesta terapéutica favorable no garantiza la desaparición completa de los síntomas. Además, las escalas ASAS20 y ASAS40 evalúan distintos niveles de mejoría y no deben interpretarse como resultados equivalentes.

La Dra. Lianne Gensler, especialista de la Universidad de California en San Francisco, advirtió que uno de los principales desafíos clínicos consiste en diferenciar la inflamación activa de otras causas de dolor. La especialista señaló que algunos médicos pueden modificar innecesariamente los tratamientos al interpretar cualquier síntoma persistente como señal de actividad inflamatoria.

Asimismo, explicó que factores como la obesidad, la depresión, el daño articular y el dolor nociplástico pueden contribuir al malestar de los pacientes.

La evaluación resulta especialmente compleja porque no existe una prueba física o un biomarcador específico que permita identificar con certeza la inflamación de las articulaciones axiales. Aunque la resonancia magnética puede aportar información relevante, tampoco ofrece respuestas definitivas en todos los casos.

Un abordaje integral para mejorar la calidad de vida

Ante la persistencia de síntomas, los especialistas recomiendan una evaluación individualizada que permita identificar si el dolor se relaciona con inflamación activa, daño estructural u otros mecanismos. El Dr. Danve destacó el papel de la fisioterapia, el ejercicio regular y, en pacientes seleccionados, determinados medicamentos para abordar componentes de dolor nociplástico.

Por otra parte, un consenso internacional de 2025 estableció criterios para identificar la espondiloartritis axial de difícil manejo, diferenciándola de la enfermedad verdaderamente refractaria, en la que persisten signos objetivos de inflamación pese a los tratamientos. Los especialistas coinciden en que el objetivo debe ir más allá de controlar la inflamación, mediante una atención integral que considere las diferentes causas del dolor y evite cambios farmacológicos innecesarios.

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