Diabetes tipo 2: transición hacia un modelo de manejo cardiometabólico integral y centrado en complicaciones

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Dr. José García Mateo – Endocrinólogo | Pasado presidente de la SPED. Foto tomada por PHL.

Durante años, el tratamiento de la diabetes se enfocó casi exclusivamente en el control de la glucosa. Sin embargo, la evidencia científica y la experiencia clínica han demostrado que esta mirada es insuficiente. Hoy, la diabetes se entiende como una condición cardiometabólica, renal y hepática, estrechamente relacionada con la obesidad y con múltiples complicaciones sistémicas que deben abordarse de manera simultánea.

Así lo explica el Dr. José García Mateo, endocrinólogo y pasado presidente de la Sociedad Puertorriqueña de Endocrinología y Diabetes (SPED), quien destaca que el paradigma del tratamiento ha cambiado de forma radical en los últimos años. “Antes el manejo de la diabetes se centraba solamente en tratar los niveles de azúcar, y eso no es así. Ahora mismo es una condición cardiometabólica, renal e incluso hepática, con muchas complicaciones asociadas”, afirma.

Diabetes y obesidad

En el caso de la diabetes tipo 2, la más común, la relación con la obesidad es innegable. Según explica el especialista, alrededor del 80 % de los pacientes con diabetes tipo 2 viven también con obesidad, lo que obliga a tratar ambas condiciones de manera integrada. “La diabetes es una complicación de la obesidad. Por eso, ambas deben tratarse al mismo tiempo”, señala el Dr. García Mateo.

Entre las complicaciones compartidas se encuentran la hipertensión, la dislipidemia, las enfermedades cardiovasculares, el fallo renal, la esteatosis hepática, la apnea del sueño y problemas musculoesqueléticos como la artritis de rodilla. De ahí que las terapias actuales ya no se evalúan solo por su capacidad de bajar la glucosa o el peso, sino por su impacto en estas complicaciones.

Aunque el control glucémico sigue siendo fundamental, el endocrinólogo advierte que tener un A1c adecuado no garantiza un buen control global del paciente. “Puedes tener un paciente con la glucosa completamente controlada, pero si no se controlan condiciones como la hipertensión, los lípidos o el peso, realmente no estamos logrando mucho”, explica.

El manejo integral implica evaluar y tratar, de forma paralela, la presión arterial, el perfil lipídico, la función renal, la salud hepática, la calidad del sueño y los estilos de vida. Una condición descompensada puede afectar negativamente a las demás.

‘Beyond A1c’

El concepto de “beyond A1c” se ha vuelto central en el abordaje moderno de la diabetes. Hoy se utilizan herramientas como los monitores continuos de glucosa, que permiten evaluar el tiempo en rango, es decir, el porcentaje del día en que el paciente mantiene niveles de glucosa adecuados.

“Idealmente, el tiempo en rango debe ser mayor del 70 %. Puedes tener un A1c por debajo de 7, pero si no alcanzas ese tiempo en rango, el control no es óptimo”, detalla.

Además, las guías actuales recomiendan que la selección del tratamiento se base en las complicaciones específicas del paciente, incluso desde el diagnóstico inicial. Por ejemplo, en pacientes con diabetes tipo 2 y enfermedad renal crónica, la terapia de primera línea ya no es metformina, sino los inhibidores de SGLT2, por sus beneficios renales y cardiovasculares.

El Dr. García Mateo destaca el rol de terapias más recientes, como los agonistas de GLP-1 y otros tratamientos basados en incretinas, que ofrecen beneficios cardiovasculares independientemente de la pérdida de peso. “No todas las terapias que bajan peso reducen eventos cardiovasculares, pero hay tratamientos que, más allá del peso, sí ofrecen ese beneficio adicional”, explica.

Aun así, recalca que el control del peso sigue siendo una herramienta clave para disminuir complicaciones metabólicas y cardiovasculares.

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