Las lesiones oculares penetrantes pueden comprometer de forma irreversible la visión, especialmente cuando existe un cuerpo extraño intraocular y el tratamiento se retrasa. En este caso, un hombre de 31 años llegó a urgencias con dolor y pérdida visual en el ojo izquierdo, una semana después de sufrir una lesión con un objeto metálico. La evaluación reveló una herida corneal de espesor completo de apenas 2 mm, asociada a inflamación intensa y catarata traumática.
La exploración del segmento posterior estaba limitada por la opacidad de los medios oculares. Ante la sospecha de un cuerpo extraño retenido, se realizó una tomografía computarizada de órbitas y cráneo, que identificó una estructura metálica semicircular dentro del ojo. La ecografía ocular mostró opacidades vítreas densas, pero no permitió reconocer inicialmente el objeto, lo que destacó la importancia de complementar las pruebas de imagen cuando la evaluación clínica resulta insuficiente.
El equipo diagnosticó endoftalmitis postraumática, una infección intraocular grave, junto con la herida corneal y la presencia del cuerpo extraño. Se reparó la lesión mediante sutura y se administraron antibióticos intravítreos. Posteriormente, el equipo de retina planificó una intervención para retirar el objeto y tratar las complicaciones asociadas.
Durante la cirugía, los especialistas realizaron extracción del cristalino y una vitrectomía pars plana, procedimiento que permitió identificar un desprendimiento de retina regmatógeno con una rotura extensa. Tras aislar el cuerpo extraño y ampliar la incisión escleral hasta 7 mm, extrajeron con pinzas un clavo metálico curvo de aproximadamente 35 mm de longitud. La intervención incluyó reparación de la retina mediante técnicas quirúrgicas complementarias, fotocoagulación con láser y colocación de aceite de silicona para ayudar a mantenerla aplicada.
La longitud del clavo fue un hallazgo excepcional: superaba las dimensiones promedio del globo ocular adulto, cuyo diámetro transversal se sitúa alrededor de los 24 mm. Su permanencia dentro del ojo a través de una herida corneal tan pequeña ilustra la complejidad de estas lesiones penetrantes y los desafíos que representan tanto para el diagnóstico como para la extracción quirúrgica.
Después de la intervención, el paciente dejó de presentar dolor y la ecografía confirmó una retina aplicada bajo el aceite de silicona. Sin embargo, la recuperación funcional fue limitada. Aunque inicialmente podía contar dedos, a las dos semanas su agudeza visual había descendido a percepción de luz debido a la formación de una membrana pupilar. El pronóstico visual a largo plazo permaneció incierto, con posibles procedimientos futuros que incluyen retirar el aceite de silicona y valorar la implantación secundaria de una lente intraocular.
Los autores destacan que la tomografía computarizada es la técnica de elección ante la sospecha de cuerpos extraños metálicos intraoculares, debido a su capacidad para detectarlos y localizar su posición. La ecografía puede aportar información sobre las complicaciones vitreorretinianas, pero tiene limitaciones en ojos con traumatismos abiertos y debe realizarse con precaución para evitar ejercer presión sobre el globo ocular lesionado. El caso subraya la necesidad de una evaluación por imágenes integral y un tratamiento quirúrgico individualizado para preservar la anatomía ocular y maximizar las posibilidades de recuperación visual.
Fuente original aquí









