Contaminantes del agua potable podrían aumentar el riesgo de cáncer de útero

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Los investigadores destacan la importancia de seguir estudiando cómo los contaminantes del agua potable podrían influir en el riesgo de desarrollar cáncer de útero.

La exposición prolongada a subproductos de la desinfección del agua potable podría estar relacionada con un mayor riesgo de cáncer de útero, de acuerdo con un estudio publicado en JAMA Network Open. La investigación encontró que mujeres expuestas durante al menos una década a concentraciones elevadas de trihalometanos (THM) presentaron un incremento en la probabilidad de desarrollar esta enfermedad, particularmente tumores endometrioides.

Los autores destacan que el cáncer de útero es el sexto cáncer más diagnosticado en mujeres a nivel mundial y que identificar factores ambientales modificables representa una prioridad para la salud pública.

El estudio, liderado por la investigadora Rena R. Jones, PhD, MS, del National Cancer Institute, analizó una cohorte prospectiva de 53.100 mujeres residentes en California cuyos domicilios estuvieron vinculados durante al menos 10 años a un sistema comunitario de abastecimiento de agua.

Los resultados mostraron que las participantes expuestas a mayores niveles de trihalometanos totales (THM) presentaron un 18 % más riesgo de desarrollar cáncer de útero (HR 1,18). La asociación fue aún más evidente para los tumores endometrioides, cuyo riesgo aumentó en 23 % (HR 1,23).

Entre los diferentes compuestos evaluados, el cloroformo, uno de los THM más comunes, registró las asociaciones más altas tanto para el riesgo general de cáncer uterino como para los tumores endometrioides.

Ácidos haloacéticos también se relacionaron con otros tipos de tumores

Los investigadores también identificaron una asociación entre los cinco ácidos haloacéticos (HAA) más frecuentes en el agua potable y un mayor riesgo de tumores no endometrioides, una variante menos común, pero generalmente más agresiva del cáncer uterino.

En contraste, no se encontraron asociaciones entre el riesgo de cáncer uterino y la presencia de arsénico, nitratos o uranio en el agua. Los autores explican que estos resultados son biológicamente plausibles, ya que investigaciones experimentales han demostrado que algunos THM y HAA pueden unirse a los receptores de estrógeno y actuar como disruptores endocrinos, alterando el equilibrio hormonal.

Este mecanismo podría favorecer el desarrollo del cáncer de útero, aunque los investigadores enfatizan que aún se requieren estudios adicionales para confirmar una relación causal.

Los hallazgos son consistentes con los obtenidos previamente en el Iowa Women’s Health Study, que también observó un mayor riesgo de cáncer de endometrio en mujeres posmenopáusicas expuestas a altos niveles de subproductos de desinfección del agua potable.

En un editorial que acompañó la publicación, Shady Abohashem, MD, MPH, del Massachusetts General Hospital y la Harvard Medical School, señaló que los actuales límites regulatorios para estos contaminantes fueron establecidos hace décadas principalmente con base en evidencia relacionada con cáncer de vejiga.

Según el especialista, estos nuevos resultados amplían la evidencia sobre otros tipos de cáncer potencialmente asociados a estos contaminantes y respaldan la necesidad de revisar las normas regulatorias.

Protección de las fuentes de agua y mejoras en la infraestructura

El editorial también plantea que medidas como la protección de las fuentes de agua, la optimización de los procesos de coagulación y filtración antes de la desinfección, así como una mayor inversión en la infraestructura de sistemas de agua pequeños y rurales, podrían reducir la formación de estos compuestos y ofrecer beneficios adicionales para la salud pública.

Asimismo, el experto recordó que la exposición a contaminantes ambientales suele pasar desapercibida en la práctica clínica. «Los médicos que atienden a pacientes con cáncer de endometrio recién diagnosticado rara vez piensan en el agua del grifo. Este estudio recuerda que, cuando hablamos de cánceres relacionados con el ambiente, las exposiciones más importantes suelen ser aquellas a las que hemos dejado de prestar atención», señaló Abohashem.

La investigación incluyó mujeres sin antecedentes de cáncer ni histerectomía al momento de su ingreso al estudio entre 1995 y 1996, con seguimiento hasta diciembre de 2020. La edad mediana fue de 50 años; el 85 % de las participantes eran blancas, el 5 % hispanas y el 3 % negras. Cerca de la mitad eran premenopáusicas al inicio del estudio.

Los autores reconocieron algunas limitaciones, entre ellas la ausencia de datos sobre la calidad del agua previos a 1990, lo que impidió evaluar exposiciones ocurridas durante etapas más tempranas de la vida, las cuales también podrían influir en el riesgo de desarrollar cáncer.

Fuente original aquí

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