Un niño no necesita estar en la percentila más baja de estatura para requerir evaluación. La disminución en la velocidad de crecimiento y el descenso progresivo en la curva pueden ser señales que requieren atención oportuna.
Muchos padres esperan que su hijo simplemente tenga un “estirón” más adelante. Sin embargo, para la Dra. Sheila Pérez Colón, endocrinóloga pediátrica certificada en Elite Endocrine MD, esperar puede retrasar la identificación de alteraciones que afectan el crecimiento y reducir el tiempo disponible para intervenir.
La curva importa más que una sola medida
La preocupación no surge únicamente cuando un niño presenta baja estatura. También puede ser relevante observar qué ocurre con su trayectoria a través del tiempo.

“Me preocupa como endocrinóloga pediátrica aquel paciente que, aunque esté todavía en las percentilas de crecimiento, vaya cruzando las percentilas y vaya bajando las percentilas”, explicó la experta.
Por ello, la especialista destacó la importancia de seguir regularmente la velocidad de crecimiento, mediante las mediciones realizadas durante las visitas pediátricas. Antes de la pubertad, explicó, como regla general se espera un crecimiento aproximado de cinco centímetros al año, mientras que durante la pubertad esta velocidad puede aumentar.
Ser bajito no siempre significa tener un trastorno
Un niño puede encontrarse en percentiles bajos y, aun así, mantener un patrón de crecimiento adecuado de acuerdo con su contexto familiar. En estos casos, la talla de los padres y la trayectoria individual son elementos importantes para determinar si existe realmente una alteración.
En cambio, una desaceleración progresiva del crecimiento puede requerir una evaluación más detallada. La especialista recordó que la estatura es solo uno de los múltiples factores que se analizan, junto con antecedentes médicos, desarrollo, pubertad y posibles condiciones que puedan interferir con el crecimiento.
El tiempo para intervenir es limitado
Uno de los principales retos ocurre cuando los pacientes llegan a evaluación durante la adolescencia, después de que gran parte del potencial de crecimiento ya se ha agotado. “La ventana del crecimiento tenemos un tiempo en el que podemos intervenir. Una vez esa ventana pase, ya puede ser muy tarde”, advirtió la endocrinóloga.
Por eso, su recomendación para padres y cuidadores es no limitarse a preguntar cuánto mide el niño, sino también cómo ha cambiado su trayectoria de crecimiento y si mantiene una velocidad adecuada.
“No lo dejen para después, porque ese después a veces, muchas veces, es muy tarde”, enfatizó la endocrinóloga pediátrica.
El seguimiento regular permite identificar cambios que pueden pasar desapercibidos en una sola consulta. Más que comparar la estatura con la de otros niños, el objetivo es vigilar si cada paciente está creciendo de acuerdo con su propio patrón y potencial.









