El cáncer podría detectarse en sangre años antes del diagnóstico

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Detectar cáncer en fases tan iniciales implicaría tumores menos avanzados y, potencialmente, con mayores probabilidades de tratamiento curativo.

Un nuevo estudio sugiere que algunos tipos de cáncer podrían identificarse en etapas muy tempranas, incluso años antes de que aparezcan los primeros síntomas. Investigadores de la Universidad Johns Hopkins demostraron que el material genético liberado por los tumores puede detectarse en el torrente sanguíneo hasta tres años antes del diagnóstico convencional, abriendo una ventana inédita para la intervención temprana.

La investigación, publicada en Cancer Discovery, analizó muestras de plasma almacenadas del estudio ARIC (Riesgo de Aterosclerosis en Comunidades), un amplio seguimiento poblacional diseñado originalmente para estudiar enfermedades cardiovasculares. Los científicos utilizaron técnicas de secuenciación altamente sensibles para buscar mutaciones asociadas al cáncer en muestras de sangre tomadas años antes de que los participantes recibieran un diagnóstico oncológico.

Al comparar muestras de personas que desarrollaron cáncer con las de participantes sin diagnóstico, los investigadores observaron que una prueba de detección temprana de múltiples cánceres (MCED) fue positiva en varios casos meses antes del diagnóstico clínico. Más aún, en una parte de estos pacientes fue posible rastrear mutaciones tumorales en muestras obtenidas entre tres y tres años y medio antes de que la enfermedad fuera detectada por los métodos habituales.

Según los autores, este hallazgo es relevante porque amplía de forma sustancial el margen de acción clínica. Detectar cáncer en fases tan iniciales implicaría tumores menos avanzados y, potencialmente, con mayores probabilidades de tratamiento curativo. Los investigadores reconocen que no esperaban encontrar señales genéticas tumorales con tanta anticipación, lo que refuerza el potencial de las pruebas basadas en sangre como herramientas de cribado precoz.

El estudio también permite definir mejor los requisitos de sensibilidad que deben cumplir las pruebas MCED para ser clínicamente útiles. Aunque los resultados son prometedores, los autores subrayan que aún es necesario establecer protocolos claros sobre cómo actuar ante un resultado positivo, para evitar intervenciones innecesarias o ansiedad en los pacientes.

En conjunto, estos hallazgos refuerzan la idea de que el cáncer podría convertirse, en el futuro, en una enfermedad detectable mucho antes de manifestarse clínicamente. Si se confirman en estudios más amplios, las pruebas sanguíneas de detección temprana podrían transformar los programas de cribado y mejorar de manera significativa los resultados del tratamiento oncológico.
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