El consumo de carne muestra efectos opuestos en el riesgo de demencia según el perfil genético

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Un mayor consumo de carne procesada se asoció con peores resultados cognitivos y un mayor riesgo de demencia en todos los grupos.

Un mayor consumo de carne podría estar asociado con un menor riesgo de deterioro cognitivo y demencia en adultos mayores, pero este efecto no sería universal. Nuevos hallazgos sugieren que el beneficio se concentra en un grupo específico: las personas portadoras del alelo APOE ε4, una de las principales variantes genéticas vinculadas a la enfermedad de Alzheimer.

En un estudio de cohorte con más de 2.000 adultos mayores seguidos durante hasta 15 años, los investigadores observaron que aquellos con este perfil genético y con mayor consumo de carne presentaban un mejor desempeño cognitivo y una reducción de hasta el 55% en el riesgo de demencia en comparación con quienes consumían menos.

En contraste, entre las personas que no portaban este alelo, no se encontró una relación significativa entre la ingesta de carne y los resultados cognitivos. Este hallazgo sugiere que la respuesta del cerebro a la dieta podría estar mediada, en parte, por factores genéticos.

El alelo APOE ε4 es considerado el factor de riesgo genético más importante para la enfermedad de Alzheimer. Desde una perspectiva evolutiva, se ha planteado que esta variante surgió en contextos donde la dieta humana dependía en mayor medida de alimentos de origen animal, lo que podría explicar por qué sus portadores responden de manera diferente a los patrones dietéticos actuales.

Además de la cantidad, el tipo de carne consumida también mostró un papel relevante. Un mayor consumo de carne procesada se asoció con peores resultados cognitivos y un mayor riesgo de demencia en todos los grupos, independientemente del perfil genético. Por el contrario, la carne roja no procesada se vinculó con un menor riesgo de demencia, especialmente en quienes presentaban mayor vulnerabilidad genética.

Los investigadores también observaron que, en los portadores del alelo APOE ε4, un mayor consumo de carne no solo se relacionaba con menor riesgo de demencia, sino también con una menor mortalidad general, lo que refuerza la consistencia de los hallazgos dentro de este subgrupo.

A pesar de estos resultados, el estudio presenta limitaciones importantes. Su diseño observacional impide establecer una relación causal directa, y la información dietética se basó en reportes de los propios participantes, lo que puede introducir sesgos. Además, la población analizada fue mayoritariamente de origen europeo, lo que limita la extrapolación de los resultados a otros contextos.

Más allá de estas limitaciones, los hallazgos abren una línea de investigación clave: la posibilidad de avanzar hacia una nutrición de precisión, en la que las recomendaciones dietéticas no sean universales, sino adaptadas al perfil genético de cada persona.

En este escenario, el papel de la dieta en la prevención del deterioro cognitivo podría replantearse. Más que establecer reglas generales, el futuro podría estar en entender cómo interactúan los alimentos con la biología individual para diseñar estrategias más efectivas en la prevención de enfermedades como la demencia.

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