La relación entre obesidad y apnea obstructiva del sueño (AOS) puede explicarse, en parte, por los cambios que produce el exceso de tejido adiposo alrededor de la vía aérea. Aunque la apnea también puede presentarse en personas delgadas debido a características anatómicas, su asociación con la obesidad es particularmente frecuente.
Para el Dr. Jesse Alemán Ortiz, neumólogo y especialista en Critical Care, el aumento del tejido graso en el cuello y alrededor de la vía aérea puede favorecer las condiciones que dificultan el paso del aire durante el sueño.
La apnea obstructiva del sueño ocurre cuando existe una obstrucción parcial o completa del flujo de aire durante el sueño. Estos episodios pueden repetirse varias veces durante la noche y provocar pausas respiratorias y disminuciones en la oxigenación. “La apnea de sueño usualmente se define como una obstrucción parcial o completa de lo que es el flujo de aire a través de la vía aérea durante el sueño”, explicó el Dr. Alemán Ortiz.
De acuerdo con el neumólogo, una de las relaciones más frecuentes con la obesidad está precisamente en el aumento del tejido graso en el cuello y alrededor de las estructuras por donde circula el aire. “Esa relación usualmente se ve por el aumento que hay del tejido graso, en este caso en el área del cuello y alrededor de lo que es la vía aérea”. La obstrucción no ocurre de manera aislada. Cuando el flujo de aire disminuye, también puede producirse una reducción de la oxigenación, lo que activa mecanismos de respuesta del organismo.
La mecánica respiratoria también puede verse afectada
El impacto de la obesidad sobre la respiración durante el sueño no se limita a la vía aérea superior. El aumento del tejido abdominal también puede modificar la mecánica respiratoria cuando el paciente adopta la posición horizontal.
El Dr. Alemán explicó que, al acostarse, el abdomen puede ejercer presión sobre el diafragma, principal músculo involucrado en la respiración. “Esa barriga genera una presión sobre lo que es el músculo principal de respiración, que en este caso viene siendo el diafragma”. En estas condiciones, el diafragma debe realizar un mayor esfuerzo para movilizarse y contribuir a la respiración. A la resistencia que ya existe en la vía aérea superior se suma entonces una mayor dificultad mecánica para respirar. “Va a llevar a que haya mayor resistencia, que tengamos mayor dificultad mecánica para poder respirar”, sostuvo el especialista.
Esta combinación puede dificultar que el organismo logre superar el episodio obstructivo. Según el Dr. Aleman Ortiz, la pausa asociada al colapso de la vía aérea puede ser más difícil de revertir cuando el diafragma debe realizar un esfuerzo adicional para vencer esa resistencia.
La apnea y la obesidad pueden formar un círculo que se retroalimenta
La relación entre ambas condiciones tampoco ocurre únicamente en una dirección. La apnea del sueño no tratada puede generar fragmentación del sueño, disminución de la oxigenación y una respuesta hormonal asociada al estrés, elementos que pueden influir sobre el metabolismo. “Esa relación va en ambas direcciones”, afirmó el Dr. Jesse Alemán Ortiz.
El especialista explicó que la liberación repetida de hormonas como la epinefrina, norepinefrina y cortisol puede favorecer cambios metabólicos relacionados con el aumento de peso y la resistencia a la insulina. “Va a favorecer entonces lo que es el aumento de peso, va a favorecer la resistencia a la insulina y a la misma vez va a dificultar que el paciente que ya tiene apnea de sueño pueda perder peso”.
De esta manera, el abordaje de un paciente con obesidad y AOS requiere considerar tanto los factores anatómicos que pueden favorecer la obstrucción como las alteraciones metabólicas asociadas con la enfermedad. Para el Dr. Alemán Ortiz, esta interacción puede convertirse en un círculo vicioso, en el que el aumento de peso favorece una mayor susceptibilidad a la apnea y, a su vez, la apnea no tratada puede dificultar el control del peso.









