Evidencia tafonómica redefine las estrategias de supervivencia de Homo floresiensis

nota imagen web
El análisis de miles de restos óseos hallados en Indonesia sugiere que esta especie humana obtenía parte de su alimento mediante carroñeo de presas abatidas por dragones de Komodo, una estrategia que replantea su adaptación a los ecosistemas insulares del Pleistoceno.

Un estudio publicado en Science Advances aporta nueva evidencia sobre las estrategias de supervivencia de Homo floresiensis, el pequeño homínido que habitó la isla de Flores hace entre 190.000 y 50.000 años. Los resultados indican que esta especie probablemente no practicaba la caza de grandes mamíferos, sino que aprovechaba los restos de animales consumidos previamente por dragones de Komodo.

Para reconstruir este comportamiento, los investigadores analizaron más de 3.000 fragmentos óseos de Stegodon florensis insularis, un pariente enano de los elefantes que coexistió con H. floresiensis. Mediante imágenes tridimensionales, compararon las marcas presentes en los fósiles con las dejadas por dragones de Komodo actuales al alimentarse de sus presas.

Las huellas observadas coincidieron con mordeduras de dragón y no con cortes producidos por herramientas de piedra. Asimismo, los investigadores no identificaron fracturas asociadas al uso de lanzas u otras armas de caza, lo que pone en duda que estos homínidos capturaran presas de gran tamaño de forma sistemática.

El estudio también examinó cerca de 7.000 restos de roedores recuperados en la cueva de Liang Bua para buscar evidencia del uso controlado del fuego. Ninguno presentó signos de exposición al calor, lo que cuestiona otra de las capacidades que previamente se habían atribuido a esta especie.

En conjunto, los hallazgos sugieren que Homo floresiensis pudo desarrollar una estrategia oportunista de obtención de alimento, basada en el aprovechamiento de los restos que dejaban los grandes depredadores. En un ecosistema insular con recursos limitados y una fauna dominada por especies gigantes y enanas, este comportamiento habría representado una adaptación eficiente para maximizar el acceso a nutrientes sin asumir los riesgos energéticos y físicos de la caza mayor.

Más que evidenciar una menor complejidad conductual, los investigadores plantean que estas estrategias reflejan la capacidad de Homo floresiensis para adaptarse a las condiciones particulares de la isla de Flores, donde la disponibilidad de recursos y la presencia de depredadores moldearon diferentes formas de supervivencia.

Los autores concluyen que el análisis tafonómico permite reconstruir con mayor precisión las interacciones entre homínidos y fauna prehistórica, aportando nuevas claves sobre la evolución de las estrategias de subsistencia y demostrando que la supervivencia humana durante el Pleistoceno dependió de una diversidad de comportamientos mucho mayor de la que se había propuesto hasta ahora.

Fuente original aquí

Últimos artículos

Accede a la revista sobre Mieloma Múltiple

ingresa tus datos para
recibir la revista por email