Por: Julia Michelle Santiago, creadora del movimiento Juliastrong, productora y
conductora de JULIASTRONG THE PODCAST.
“The meaning of life is to find your gift. The purpose of life is to give it away”. — Pablo Picasso.
Tener la oportunidad de trabajar con actores reconocidos, diseñando vestuarios que aportan a la narrativa de una película, ha sido, sin lugar a dudas, una de las mayores satisfacciones de mi vida profesional. Durante más de dos décadas he tenido el privilegio de ejercer una carrera que me apasiona como Diseñadora de Vestuario para el cine, una profesión que ha superado, en muchas ocasiones, mis mayores aspiraciones.
Recuerdo la primera vez que diseñé el vestuario para una película protagonizada por un actor de reconocimiento internacional. No podía creer que aquella meta, que durante tantos años había parecido tan lejana, finalmente se hubiera hecho realidad.
Después llegó otra película. Y otra más.
Con el tiempo tuve el privilegio de colaborar en producciones protagonizadas por artistas como Keanu Reeves, Al Pacino, Jason Sudeikis, Roselyn Sánchez, Andy García, entre muchos otros. Fueron años llenos de retos, aprendizajes y oportunidades extraordinarias que siempre consideraré verdaderos regalos de la vida.
Y entonces surgió una pregunta inesperada.
¿Y después, qué?
Fue ahí cuando comprendí que las metas pueden llenarnos de satisfacción, pero no necesariamente de significado.
Había alcanzado muchos de los sueños por los que había trabajado durante años. Sin embargo, por primera vez entendí que el éxito profesional y el propósito de vida no siempre son la misma cosa.
No fue sino hasta que recibí un diagnóstico de cáncer colorrectal que mi vida cambió por completo.
Hoy estoy convencida de que, si hubiera tenido entonces la información y el conocimiento que tenemos actualmente sobre la prevención de este tipo de cáncer —una enfermedad que, en muchos casos, puede prevenirse o detectarse a tiempo— probablemente nunca habría tenido que convertirme en sobreviviente.
Ese diagnóstico, que en un principio parecía representar únicamente dolor e incertidumbre, terminó convirtiéndose en el catalizador de un propósito mucho mayor.
Comprender la importancia de la prevención, la educación y la detección temprana despertó en mí un profundo sentido de responsabilidad. Sentí la necesidad de compartir lo aprendido para que otras personas no tuvieran que recorrer el mismo camino que yo.
Fue entonces cuando entendí que mi experiencia no había sido solamente una prueba que debía superar, sino también una historia que podía poner al servicio de los demás.
Porque una meta puede llevarte muy lejos, pero un propósito puede darle sentido a toda una vida.
Las metas se alcanzan. El propósito se vive.
Yo no elegí el camino que me condujo hasta él. Pero sí elegí qué hacer con esa experiencia. Y desde entonces comprendí que mi mayor contribución no sería únicamente diseñar vestuarios para contar historias en la pantalla, sino utilizar mi propia historia para ayudar a cambiar la de alguien más.
Tal vez ese sea el verdadero propósito de la vida: descubrir el regalo que cada uno ha recibido y tener la generosidad de compartirlo con el mundo.
- Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de PHLATAM, LLC.









