Más de 2.700 investigaciones alertan sobre los riesgos del uso de pantallas en niños y adolescentes 

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Una revisión de 121 revisiones sistemáticas analizó la relación entre el uso de medios digitales y la salud de niños, adolescentes y adultos jóvenes, destacando la importancia de prevenir riesgos sin renunciar a los beneficios tecnológicos.

El uso de pantallas, redes sociales y plataformas digitales se ha convertido en parte de la vida cotidiana de niños y adolescentes. Sin embargo, una investigación publicada en The Lancet, como parte de una serie sobre los determinantes digitales de la salud, advierte que estas tecnologías pueden influir en las condiciones en las que crecen los menores y plantea nuevos desafíos para la salud pública.

El análisis se fundamenta en 121 revisiones sistemáticas, incluidos 52 metaanálisis, que abarcaron aproximadamente 2.790 estudios originales y cerca de nueve millones de participantes de entre 0 y 24 años. Los resultados identificaron asociaciones entre determinadas formas de uso de medios digitales y resultados desfavorables en la salud mental, el bienestar, el comportamiento, la salud física y el desarrollo cognitivo y social.

No obstante, los investigadores destacan que los efectos varían según la edad, el contenido consumido, el contexto y los patrones de interacción digital. Además, gran parte de la evidencia disponible es observacional, por lo que las asociaciones identificadas no permiten establecer una relación directa de causa y efecto.

Los riesgos del uso digital cambian según la edad

Uno de los principales hallazgos señala que la exposición a las tecnologías digitales no tiene las mismas implicaciones durante la primera infancia que en la adolescencia. En los niños de 0 a 10 años, las investigaciones se concentran principalmente en el tiempo total de exposición a las pantallas y su relación con el desarrollo cognitivo, la salud física y el bienestar emocional.

Por su parte, en adolescentes y adultos jóvenes, los estudios se enfocan especialmente en el uso problemático de redes sociales y otras plataformas digitales, así como en sus posibles asociaciones con dificultades emocionales, problemas de comportamiento y alteraciones del bienestar psicológico.

La revisión plantea la necesidad de utilizar mediciones más precisas que consideren no solo cuánto tiempo permanecen los menores conectados, sino también qué contenidos consumen, cómo interactúan con las plataformas y qué características de los sistemas digitales influyen en sus experiencias.

Para la Dra. Carmen Fidalgo, secretaria de la junta directiva de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), la preocupación no debe concentrarse exclusivamente en la cantidad de horas que los menores permanecen frente a una pantalla, sino también en las experiencias fundamentales que pueden dejar de realizar.

«El objetivo no es demonizar las nuevas tecnologías. Si se usan de forma saludable, facilitan la vida. El objetivo es evitar que su uso inadecuado desplace necesidades fundamentales para el correcto desarrollo de la infancia», explicó la especialista a El Médico Interactivo.

En los menores de seis años, estas preocupaciones adquieren especial relevancia debido a que el desarrollo del lenguaje, la atención y la autorregulación emocional depende, entre otros factores, de la interacción con otras personas y de las experiencias cotidianas.

La especialista también señaló posibles repercusiones en la salud visual y la actividad física, especialmente cuando el consumo digital desplaza el juego, el movimiento y las interacciones familiares. Entre las investigaciones citadas se encuentra un estudio de más de 7.000 niños, que identificó una asociación entre una mayor exposición a pantallas durante el primer año de vida y dificultades posteriores de comunicación.

Asimismo, otros trabajos han observado una reducción del número de palabras utilizadas por los niños y de los intercambios conversacionales en entornos familiares con mayor exposición digital, mientras que diferentes metaanálisis han relacionado el tiempo de uso de pantallas con un mayor riesgo de miopía. «Tenemos que ser rigurosos: buena parte de estos resultados no demuestra que las pantallas sean la única causa de estos trastornos. Pero, en conjunto, justifican aplicar medidas de prevención», puntualizó la Dra. Fidalgo.

La incorporación de la inteligencia artificial (IA) a las actividades educativas, sociales y personales de niños y adolescentes representa otro campo de preocupación para los especialistas.

Aunque estas herramientas pueden facilitar el aprendizaje, mejorar la accesibilidad y contribuir a determinadas formas de apoyo sanitario, también plantean interrogantes sobre la manera en que los menores interpretan y utilizan sus respuestas. «Nos preocupan especialmente la confianza excesiva en respuestas que pueden ser erróneas, la creación de vínculos emocionales con sistemas que simulan empatía y los riesgos para la intimidad y la autoestima», advirtió la Dra. Fidalgo.

La especialista destacó la necesidad de incorporar preguntas sobre el uso de inteligencia artificial en las consultas pediátricas, particularmente para identificar si los menores recurren a estas herramientas cuando experimentan tristeza, preocupación u otras dificultades emocionales. «Desde las consultas pediátricas deberíamos empezar a preguntar para qué utilizan la IA, si recurren a ella cuando están preocupados o tristes y si saben que un asistente virtual no sustituye a los adultos de confianza ni a los profesionales de la salud», señaló.

Desde esta perspectiva, la educación en pensamiento crítico, la protección de la privacidad y la supervisión adaptada a cada edad adquieren importancia para promover una relación más segura con estas tecnologías.

En este escenario, la salud digital infantil se posiciona como una responsabilidad compartida entre familias, profesionales sanitarios, instituciones educativas, empresas tecnológicas y autoridades públicas.

El desafío consiste en avanzar hacia entornos digitales más seguros, en los que la innovación tecnológica pueda contribuir al bienestar de las nuevas generaciones sin desplazar las experiencias esenciales para su crecimiento físico, emocional y social.

Fuente original aquí

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