Menowashing: cuando el marketing supera a la evidencia científica en la menopausia

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La menopausia es una transición biológica normal y las decisiones sobre su manejo deben basarse en evidencia científica, no en promesas comerciales.

Durante años, la menopausia permaneció rodeada de estigmas, desinformación y silencios. Sin embargo, el creciente interés social por esta etapa ha impulsado conversaciones en medios de comunicación, redes sociales y espacios sanitarios. Aunque este cambio ha contribuido a normalizar una transición natural en la vida de millones de mujeres, también ha abierto la puerta a un fenómeno preocupante: el menowashing, una estrategia comercial que aprovecha la menopausia como argumento de venta sin ofrecer necesariamente soluciones respaldadas por la evidencia científica.

Así lo explicó la Dra. María Fasero, ginecóloga, sexóloga y miembro de la junta de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM), quien alertó sobre los riesgos de sustituir años de invisibilidad por una sobreexposición impulsada por el mercado. «La menopausia merece visibilidad, pero también información de calidad. No todo lo que se presenta como una solución está respaldado por la evidencia científica», afirmó la especialista.

¿Qué es el menowashing?

El término menowashing sigue la lógica del conocido greenwashing: hace referencia a estrategias de mercadotecnia que utilizan la menopausia como reclamo comercial, exagerando beneficios o promoviendo productos cuya utilidad clínica no ha sido demostrada.

Según la Dra. Fasero, esta tendencia puede distorsionar la percepción social al transmitir la idea de que la menopausia es un problema que necesita ser corregido constantemente mediante suplementos, tratamientos o productos de bienestar. «Corremos el riesgo de sustituir el silencio de décadas por una sobreexposición comercial que convierte una etapa fisiológica en un nicho de mercado», señaló.

Las consecuencias de la desinformación

La especialista explicó que el impacto del menowashing va mucho más allá de una estrategia publicitaria. Entre sus principales consecuencias destacó:

  • Gasto económico en productos sin eficacia demostrada.
  • Falsas expectativas sobre resultados difíciles de alcanzar.
  • Difusión de mensajes publicitarios presentados como recomendaciones médicas.
  • Retraso en la búsqueda de atención profesional.
  • Incremento de la ansiedad al hacer creer que cualquier cambio asociado a la menopausia debe tratarse o corregirse.

Además, advirtió que este fenómeno favorece una medicalización innecesaria, al transmitir la idea de que todas las mujeres necesitan consumir algún producto durante esta etapa, muchas veces sin evidencia clínica que respalde su uso.

Para la Dra. Fasero, el crecimiento de contenidos sobre menopausia debe ir acompañado de un compromiso con la información basada en evidencia. «La menopausia no necesita más gurús, necesita más ciencia», enfatizó.

La especialista recordó que los testimonios personales pueden resultar inspiradores, pero no constituyen pruebas de eficacia, al igual que los estudios preliminares, que generan hipótesis, pero no justifican recomendaciones clínicas generalizadas. En este contexto, insistió en que las decisiones relacionadas con la salud deben apoyarse en investigaciones sólidas, reproducibles y con calidad metodológica.

Otro de los retos identificados por la experta es fortalecer la educación sobre menopausia, tanto entre la población general como entre algunos profesionales de la salud. El objetivo, explicó, es garantizar que las mujeres puedan acceder a información rigurosa y recibir una atención libre tanto del estigma como de la desinformación, permitiéndoles tomar decisiones informadas junto con sus médicos.

Frente a la creciente cantidad de mensajes difundidos en redes sociales y campañas comerciales, los profesionales sanitarios tienen la responsabilidad de convertirse en una fuente confiable de información.

«Debemos explicar qué tratamientos cuentan con evidencia, cuáles no y cuáles son sus beneficios y riesgos. También debemos escuchar activamente a nuestras pacientes. La respuesta no puede ser ni banalizar los síntomas ni medicalizar automáticamente cualquier cambio asociado a la menopausia», indicó la Dra. Fasero.

Asimismo, subrayó que el acompañamiento debe ser individualizado y centrado en las necesidades específicas de cada mujer.

El riesgo de los falsos expertos

La especialista también expresó su preocupación por el aumento de personas que se presentan como «expertos en menopausia» tras recibir formaciones muy breves, lo que puede generar una falsa percepción de autoridad y favorecer la difusión de información sin rigor científico.

Recordó que el abordaje de la menopausia requiere conocimientos en ginecología, endocrinología, salud cardiovascular, metabolismo óseo, salud sexual y salud mental, entre otras áreas, por lo que no puede reducirse a recomendaciones generales de bienestar. En este sentido, destacó el trabajo de la AEEM como entidad científica de referencia en España para la formación de profesionales sanitarios especializados en menopausia.

Finalmente, la Dra. Fasero recordó que la menopausia es una transición biológica normal, cuya experiencia varía entre las mujeres: algunas presentan pocos síntomas, mientras que otras pueden experimentar manifestaciones que afectan significativamente su calidad de vida.

Por ello, concluyó que el verdadero desafío consiste en garantizar el acceso a información científica, atención médica de calidad y decisiones compartidas entre pacientes y profesionales, alejadas tanto del estigma como de las estrategias de mercadotecnia. «Las pacientes necesitan profesionales que sepan diferenciar entre evidencia, opinión y mercadotecnia. Nuestro compromiso debe ser siempre con la información rigurosa y con la toma de decisiones compartida», concluyó la especialista.

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