Una mujer de 71 años acudió a urgencias por dolor torácico punzante de inicio agudo, exacerbado por la inspiración. Tenía antecedentes de reemplazo de las válvulas mitral y aórtica por prótesis mecánicas y anuloplastia tricuspídea. La troponina I estaba elevada, de 6582 a 4825 ng/L, por lo que inicialmente se sospechó un infarto agudo de miocardio sin elevación del ST.
La angiografía coronaria no mostró enfermedad aterosclerótica, pero reveló una imagen metálica lineal alojada en el tabique interventricular, aparentemente asociada a una pequeña fístula entre ramas septales de la arteria descendente anterior y el ventrículo derecho. El hallazgo llevó a revisar las imágenes previas de la paciente.
En una radiografía obtenida después de su cirugía cardíaca de 2018 ya se observaba un pequeño cuerpo radiopaco por debajo del diafragma. Al compararlo con las imágenes tomadas cuando aún tenía colocados los cables de estimulación epicárdica temporal, se evidenció que faltaba parte de la aguja utilizada para fijarlos, lo que sugirió una fractura con retención del fragmento en los tejidos subcutáneos.
La tomografía cardíaca confirmó una estructura metálica de aproximadamente 3 × 44 mm, cuyo trayecto se extendía desde la región auricular hacia el tabique anterior, atravesando inicialmente una localización epicárdica y penetrando después en el segmento anteroseptal basal del ventrículo izquierdo.
Las radiografías seriadas demostraron que el cuerpo extraño continuaba migrando durante la hospitalización. La trayectoria retrospectiva sugirió un desplazamiento progresivo desde los tejidos superficiales del epigastrio hacia el mediastino y finalmente el corazón durante casi tres años. La perforación de pequeñas ramas septales pudo explicar tanto la fístula como la elevación de troponina, mientras que la ausencia de derrame pericárdico evitó una complicación más grave.
Los autores consideraron que el dolor torácico pudo coincidir con la migración del fragmento a través del pericardio. La paciente permaneció estable y fue trasladada a otro centro para la extracción del cuerpo extraño y reparación de las estructuras cardíacas perforadas.
Aunque los cables de estimulación epicárdica temporal son habituales después de cirugía cardíaca, su colocación y extracción pueden asociarse con complicaciones como sangrado, taponamiento, infección o migración de material retenido. Este caso destaca la importancia de los protocolos estandarizados para verificar la integridad del material quirúrgico y detectar tempranamente cuerpos extraños retenidos.
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