La obesidad mórbida es un factor de riesgo reconocido para complicaciones perioperatorias, pero pocas veces se ve en todo su alcance hasta que ocurre un resultado adverso. En este caso, una mujer de 49 años con índice de masa corporal de 45 fue sometida a histerectomía abdominal abierta y desarrolló neuropatías múltiples en extremidades superiores e inferiores inmediatamente después de la cirugía.
El cuadro neurológico comenzó apenas la paciente despertó de la anestesia, con entumecimiento en los dedos de la mano izquierda y debilidad bilateral de los brazos, seguido al día siguiente por debilidad en las piernas y dolor severo en el muslo derecho. Estudios de imagen descartaron hematoma epidural, pero mostraron estenosis foraminal bilateral y leve hernia discal L4-L5, sin evidencia de lesión nerviosa aguda.
Aunque parte del cuadro pudo relacionarse con compresión mecánica secundaria a la posición quirúrgica y el uso prolongado de retractores en el contexto de obesidad y espacio quirúrgico reducido, los síntomas persistieron más allá de lo esperado para un efecto anestésico. El equipo clínico implementó ajustes en la infusión epidural, rehabilitación física y tratamiento con pregabalina, lo que logró mejoría parcial de la fuerza y la sensibilidad, aunque algunos déficits sensoriales y dificultad para caminar persistieron a largo plazo.
El caso enfatiza que la obesidad severa puede predisponer a neuropatías perioperatorias múltiples debido a combinación de compresión mecánica prolongada, inflamación metabólica y vulnerabilidad del tejido nervioso, incluso cuando se toman precauciones en el posicionamiento y soporte intraoperatorio. Además, sugiere que, aunque la monitorización neurológica estándar y la evaluación por imagen pueden excluir causas graves como hematoma, las neuropatías todavía pueden aparecer por compresión de nervios periféricos y cambios posturales durante cirugía extensa.
Los autores recomiendan revaluaciones frecuentes de la posición del paciente, ajustes de almohadillas y dispositivos de soporte, y una actitud proactiva ante signos tempranos de déficit neurológico para minimizar el riesgo de daño persistente. La rehabilitación temprana y el manejo multidisciplinario resultan clave para la recuperación funcional en estos escenarios complejos.
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