No es “efecto rebote”: la obesidad es una enfermedad crónica y recurrente

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Dra. Leticia Hernández, pasada presidenta de la Sociedad de Puertorriqueña de Endocrinología y Diabetología (SPED). Foto: PHL.

Desde el Hotel Sheraton en San Juan, durante un especial de PHL celebrado en el marco de la convención de la Sociedad Puertorriqueña de Endocrinología y Diabetología (SPED), la doctora Leticia Hernández, pasada presidenta de la entidad, abordó uno de los cambios más importantes en la medicina moderna: el reconocimiento de la obesidad como una enfermedad crónica, compleja y recurrente, y no como un problema de conducta o una condición pasajera.

“Durante décadas la obesidad fue tratada como un asunto de voluntad o de estética, pero hoy la ciencia es clara: estamos hablando de una condición médica que debe manejarse con la misma seriedad que la diabetes o la hipertensión”, afirmó la doctora Hernández, al subrayar la importancia de combatir la desinformación que aún persiste sobre este tema.

La especialista explicó que la obesidad es una condición multifactorial, en la que convergen elementos genéticos, hormonales, neuroconductuales y sociales. “Tenemos factores genéticos, determinantes sociales, aspectos del entorno y cambios a nivel cerebral y hormonal que inducen y perpetúan la ganancia de peso. Por eso es una condición crónica que requiere manejo a largo plazo”, sostuvo.

Según Hernández, la obesidad aumenta significativamente el riesgo de múltiples complicaciones de salud, entre ellas hipertensión, diabetes tipo 2, hígado graso, apnea del sueño, artritis y dolor crónico. “Estos cambios nos ponen en riesgo de condiciones serias. No se trata de cómo nos vemos, se trata de salud”, recalcó.

Uno de los puntos centrales de su explicación fue el concepto de recurrencia, un término que, según aclaró, suele confundirse erróneamente con el llamado “efecto rebote”. “Me alegra que se utilice la palabra recurrencia, porque no es un rebote. Es una condición recurrente. Cuando una persona pierde peso, el cuerpo activa mecanismos biológicos para tratar de recuperarlo”, explicó.

Detalló que, tras la pérdida de peso, se producen cambios hormonales significativos. “Aumenta la grelina, que es la hormona del hambre, y disminuye la leptina, que es la hormona de la saciedad. Además, se activan centros cerebrales que aumentan los antojos y el apetito. Todo esto favorece la recuperación del peso perdido”, indicó.

Opciones de tratamiento 

Ante este panorama, la endocrinóloga fue enfática en señalar que la dieta y el ejercicio, aunque fundamentales, no siempre son suficientes. “Hay personas que pueden responder sólo a cambios en el estilo de vida, pero muchas necesitan medicamentos porque existen componentes hormonales y metabólicos que no podemos modificar únicamente con dieta y ejercicio”, afirmó.

La Dra. Hernández hizo una distinción importante entre hacer dieta y modificar el estilo de vida. “La dieta es algo temporal. La modificación del estilo de vida implica cambios graduales y sostenidos que se mantienen a lo largo del tiempo, idealmente de la mano de una nutricionista dietista registrada”, puntualizó.

Sobre las terapias farmacológicas modernas, destacó su rol para romper el ciclo de pérdida y ganancia de peso. “Estos medicamentos ayudan a reducir el vaciado gástrico, a controlar el hambre y lo que llamamos el ‘ruido de la comida’, ese impulso constante de comer al ver alimentos”, explicó, insistiendo en que su uso debe ser siempre supervisado por profesionales de la salud.

“La pérdida de peso saludable es de una a dos libras por semana. Una pérdida acelerada puede aumentar el riesgo de complicaciones como piedras en la vesícula”, advirtió. Además, señaló que la selección y dosificación de los medicamentos debe individualizarse según las comorbilidades del paciente, como enfermedad cardiovascular, apnea del sueño o fallo renal.

En cuanto al manejo clínico, la doctora resaltó la importancia de un abordaje multidisciplinario. “Aquí deben integrarse el médico primario, el endocrinólogo, el especialista en nutrición, fisiólogos del ejercicio y profesionales de la conducta. La obesidad también tiene componentes psicológicos que deben atenderse”, expresó.

La Dra. Hernández enfatizó que el tratamiento no debe abandonarse una vez se alcanza una reducción de peso significativa. “Diversos estudios demuestran que, al detener el tratamiento, entre un 50 % y un 70 % del peso perdido puede recuperarse, especialmente si se suspenden los medicamentos de forma abrupta y no se han hecho cambios conductuales”, alertó. “Estos son tratamientos para toda la vida, como lo son los de la diabetes o la hipertensión”. 

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