La migraña no es solo un dolor intenso de cabeza. Es una enfermedad neurológica compleja, altamente discapacitante y con una estrecha relación con la obesidad, un factor de riesgo potencialmente modificable que hoy concentra la atención de la comunidad médica. Así lo explicó la Dra. Karissa Thal, médica de atención primaria certificada en diagnóstico y manejo avanzado de cefaleas, en una conferencia de Obesity Action Coalition.
“La migraña es un trastorno inherente del procesamiento sensorial por el sistema nervioso”, aclaró la doctora Thal, desmontando uno de los mitos más comunes. “Aunque muchas personas la asocian únicamente con dolor severo, los síntomas neurológicos, gastrointestinales y sensoriales, como la sensibilidad a la luz o al sonido, las náuseas o los problemas cognitivos, son exactamente lo mismo que la migraña, tanto como el dolor”.
Migraña crónica, obesidad y mayor discapacidad
La doctora explicó que la migraña puede clasificarse como episódica o crónica. Esta última se define como más de 15 días de dolor al mes por al menos tres meses y está asociada con una mayor carga de enfermedad y discapacidad. Aunque solo alrededor del 5 % de los pacientes desarrolla migraña crónica, la obesidad aumenta de forma significativa ese riesgo.
“Entre los factores potencialmente modificables, la obesidad destaca claramente”, señaló Thal. Estudios han demostrado que las personas con obesidad tienen hasta un 81 % más riesgo de padecer migraña, y que el riesgo de migraña crónica puede duplicarse en quienes tienen un índice de masa corporal (IMC) mayor de 35.
Ejercicio, dieta y decisiones clínicas clave
La relación entre migraña y obesidad no es sólo estadística. También influye en las decisiones terapéuticas. “Como regla general, intento evitar medicamentos que puedan causar aumento de peso en pacientes con obesidad y migraña”, explicó la especialista. Entre ellos mencionó algunos antidepresivos, anticonvulsivantes y betabloqueadores.
En cambio, destacó alternativas que pueden ser neutras o incluso favorecer la pérdida de peso. “Medicamentos como topiramato, duloxetina o antagonistas del CGRP han mostrado beneficios tanto en el control de la migraña como en el peso corporal”, indicó.
El estilo de vida también juega un papel clave. Aunque durante un ataque agudo los pacientes suelen evitar la actividad física, el ejercicio regular tiene un efecto protector. “El ejercicio aeróbico y de fuerza, cuando se practica de forma constante, reduce la frecuencia, duración y severidad de la migraña”, afirmó.
En cuanto a la alimentación, la Dra. Thal fue cautelosa con tendencias populares como el ayuno intermitente. “Aunque puede tener beneficios para otras condiciones, no creo que sea una buena idea para pacientes con migraña”, dijo, al señalar que saltarse comidas es uno de los detonantes más comunes de los ataques.
Inflamación, tejido adiposo y nuevas terapias
Más allá del comportamiento y el estilo de vida, la ciencia apunta a mecanismos biológicos compartidos. La obesidad se asocia a inflamación crónica del tejido adiposo, que libera proteínas y neuropéptidos implicados en la migraña. “Estos procesos inflamatorios podrían no solo aumentar el riesgo, sino también contribuir directamente al desarrollo de la migraña”, explicó la Dra. Thal.
Esa conexión abre la puerta a nuevas estrategias terapéuticas. “Es posible que algunas proteínas relacionadas con la obesidad se conviertan en biomarcadores o incluso en objetivos de tratamiento para la migraña”, añadió.
Los datos sobre pérdida de peso son alentadores. Estudios en pacientes sometidos a cirugía bariátrica mostraron reducciones de hasta un 75 % en la frecuencia de migraña a los seis meses. Además, medicamentos modernos para la obesidad, como los agonistas GLP-1, también han mostrado beneficios.
Aunque la investigación continúa, el mensaje clínico es claro. “La relación entre migraña y obesidad todavía se está estudiando, pero es un área de enorme interés y con implicaciones reales para el tratamiento”, concluyó Thal. Abordar ambas condiciones de forma integrada podría no solo mejorar la calidad de vida de los pacientes, sino también reducir una de las principales causas de discapacidad a nivel mundial.









