El cáncer de ovario ya no se aborda únicamente desde su tipo histológico. Hoy, su manejo clínico depende cada vez más de la caracterización molecular del tumor, una evolución que está cambiando la forma en que se seleccionan las terapias y se proyecta el pronóstico de las pacientes.

En este contexto, la patología ha ampliado su alcance. Como explica el Dr. Víctor Carlo, jefe de patología del Hospital Auxilio Mutuo, “el diagnóstico histológico sigue siendo fundamental, pero ahora lo complementamos con biomarcadores que nos permiten establecer pronóstico y guiar tratamiento”, integrando así información clave para decisiones terapéuticas más precisas.
La patología redefine el abordaje clínico
El reto en cáncer de ovario radica en su complejidad biológica y su comportamiento heterogéneo. Esto ha obligado a pasar de un enfoque general a uno más individualizado, donde la patología no solo confirma el diagnóstico, sino que orienta el curso clínico.
“El objetivo de la patología es identificar qué tumores tienen más probabilidad de responder a terapias específicas”, señala el especialista, destacando su rol en la personalización del tratamiento, especialmente en escenarios de enfermedad avanzada o recurrente.
Biomarcadores que cambian decisiones
Dentro de esta nueva lógica clínica, los biomarcadores se han convertido en herramientas determinantes. La proteína P53, por ejemplo, permite diferenciar subtipos tumorales y entender su agresividad, mientras que las alteraciones en proteínas de reparación del ADN (mismatch repair) identifican tumores con potencial respuesta a inmunoterapia.

En paralelo, las mutaciones en BRCA1 y BRCA2 han abierto la puerta a terapias dirigidas como los inhibidores de PARP, al evidenciar una vulnerabilidad en los mecanismos de reparación celular. “Estos tumores tienen una capacidad reducida de corregir errores genéticos, lo que los hace más sensibles a tratamientos específicos”, explica el patólogo.
A esto se suma el receptor de folato alfa, cuya sobreexpresión en ciertos tumores permite seleccionar terapias en pacientes con recaída, ampliando las opciones en etapas donde las alternativas suelen ser limitadas.
Acceso limitado y futuro de precisión
A pesar de estos avances, la implementación de pruebas moleculares enfrenta barreras importantes. La disponibilidad de tecnología, los costos y la necesidad de laboratorios especializados continúan condicionando el acceso.
“El acceso sigue siendo un reto. Muchas veces hay que referir estas pruebas a centros especializados”, advierte el especialista, señalando que en la práctica se combinan métodos como la inmunohistoquímica con estudios más avanzados.
Sin embargo, el futuro apunta hacia una integración más amplia de la secuenciación genética. La posibilidad de analizar múltiples genes en un solo estudio permitirá identificar mutaciones relevantes y seleccionar terapias con mayor precisión.
“Vamos hacia un modelo donde podremos evaluar muchos genes simultáneamente y dirigir el tratamiento de forma más específica”, concluye el Dr. Carlo, en un escenario dondela medicina personalizada se consolida como el nuevo estándar en cáncer de ovario.









