Relación bidireccional entre obesidad y salud mental condiciona el abordaje clínico 

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Dra. Yma López Rosado, psicóloga clínica. Foto original PHL.

La obesidad y la salud mental mantienen una relación compleja y bidireccional. Mientras algunas alteraciones emocionales pueden dificultar la adopción y el mantenimiento de hábitos saludables, vivir con obesidad y enfrentar sus consecuencias físicas y sociales también puede generar estrés, problemas de sueño y afectaciones emocionales.

La Dra. Yma López Rosado, psicóloga clínica, explicó que comprender esta conexión es fundamental para evitar que el tratamiento se concentre exclusivamente en el peso corporal. La especialista recordó que la Organización Mundial de la Salud reconoció la obesidad como una enfermedad y posteriormente como una enfermedad crónica. “Sí hay una relación bidireccional en cuanto a la salud mental y lo físico”.

La Dra. Yma resalta que las alteraciones en la salud mental pueden generar cambios que afectan la energía, el funcionamiento cotidiano y la capacidad de una persona para mantener determinadas actividades. A su vez, las consecuencias físicas de la obesidad y sus comorbilidades pueden convertirse en una fuente adicional de preocupación. “En cuanto a lo físico, el diagnóstico físico y las comorbilidades de la obesidad producen una serie de preocupaciones, estrés, alteraciones en el sueño y más cosas”.

La imagen corporal también puede afectar el proceso

Uno de los aspectos que puede influir en la experiencia de una persona con obesidad es la imagen corporal. El rechazo, las miradas o los comentarios relacionados con el peso pueden provocar vergüenza y llevar a algunos pacientes a limitar sus actividades sociales.

La Dra. López Rosado relató que algunos pacientes expresan durante consulta experiencias como sentirse observados en diferentes hábitos. “Me avergüenza en algunos casos, porque no todo el mundo le da vergüenza, me dicen no quiero salir de mi casa, no me quiero mirar en un espejo”.

La imagen corporal es solo uno de los elementos involucrados, la adherencia al tratamiento también está determinada por diversos factores. “También hay otros factores biopsicosociales que afectan la adherencia al tratamiento”, explicó la Dra. Yma.

Por esta razón, el abordaje psicológico debe considerar las circunstancias particulares de cada paciente y no asumir que todas las personas viven la obesidad de la misma manera. 

La alimentación emocional es otro de los elementos que puede aparecer en este contexto. De acuerdo con la Dra. Yma, “muchas veces las personas comen para aliviar una tensión emocional, no comen por hambre, sino simplemente están buscando aliviar esa tensión”.

Por ello, el trabajo psicológico busca ayudar al paciente a identificar qué hay detrás de esa conducta. “Mi trabajo es tratar de que el paciente pueda identificar qué le causa la tensión”, explicó la Dra. López Rosado.

El objetivo de la intervención psicológica, no consiste únicamente en pedirle al paciente que deje de comer, sino en ayudarlo a identificar qué está provocando la tensión y qué función está cumpliendo la comida en ese momento.

La relación entre emociones y alimentación puede estar vinculada a experiencias personales y a la manera en que cada individuo ha aprendido a relacionarse con el afecto, el alivio y la recompensa. Por ello, comprender el contexto emocional puede aportar información relevante para el tratamiento.

La depresión también afecta el tratamiento

La ansiedad, el estrés y la depresión pueden dificultar el manejo de la obesidad al afectar el sueño, la energía, la alimentación y la capacidad de mantener hábitos saludables.

La psicóloga clínica, destacó especialmente el papel del estrés y explicó que el cortisol puede relacionarse con alteraciones del sueño y cambios en la conducta. “El cortisol hace que la persona no duerma bien. La acumulación de grasa es diferente, tiene unos cambios en su conducta”.

La depresión, por su parte, puede reducir el interés y la energía necesarios para mantener actividades cotidianas y seguir un tratamiento. “La persona pierde interés por muchas cosas, pierde interés hasta por su propio aseo personal, no duerme bien”. De acuerdo con la especialista, esta falta de energía también puede dificultar la actividad física y favorecer decisiones alimentarias menos saludables, especialmente cuando se combina con ansiedad y estrés.

Para la Dra. Yma, “la obesidad es una enfermedad y no es un fracaso personal”. Reconocerlo puede ayudar a dejar atrás la culpa y buscar el acompañamiento de un equipo multidisciplinario que atienda las diferentes dimensiones de la enfermedad. “Hay que luchar por la salud, no es por la belleza, hay que luchar por la salud”, concluyó la psicóloga clínica.

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