‘Súper El Niño’ amenaza a América Latina con calor extremo, sequías e inundaciones

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El calentamiento anómalo del océano Pacífico fortalece el fenómeno de El Niño, aumentando el riesgo de sequías, inundaciones, olas de calor y cambios en la actividad de huracanes en América Latina durante los próximos meses.

El fenómeno de El Niño podría convertirse en uno de los episodios más intensos registrados desde 1950, con un 81 % de probabilidad de alcanzar la categoría de «muy fuerte» entre octubre y diciembre, según el Centro para la Predicción del Clima (CPC) de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA). Los expertos advierten que sus efectos se extenderán durante 2027 y podrían intensificar los eventos climáticos extremos en gran parte de América Latina.

El fortalecimiento del fenómeno responde a una combinación poco habitual de factores oceánicos y atmosféricos. El rápido calentamiento de las aguas del Pacífico tropical, el debilitamiento de los vientos alisios y otros cambios en la dinámica del océano han creado las condiciones para un evento excepcional. Además, los científicos consideran que el calentamiento global podría amplificar aún más su impacto.

Las proyecciones anticipan un panorama desigual para la región. En México, Centroamérica y el Caribe predominarán las olas de calor, las sequías y el estrés hídrico, mientras que la actividad de huracanes disminuiría en el Atlántico, pero aumentaría en el Pacífico, donde podrían desarrollarse ciclones más intensos.

En Sudamérica, los mayores riesgos se concentrarán en la costa del Pacífico. Perú y Ecuador podrían enfrentar lluvias torrenciales, inundaciones y deslizamientos por el denominado El Niño costero, mientras que regiones de Colombia, Venezuela y el norte de Brasil tendrían un mayor riesgo de sequías prolongadas, reducción del caudal de los ríos y afectaciones en la generación hidroeléctrica y la producción agrícola. En contraste, el sur de Brasil, Uruguay, Paraguay, el norte de Argentina y parte de Chile registrarían precipitaciones superiores a lo normal, con potencial tanto para beneficiar cultivos como para provocar inundaciones.

Los especialistas también advierten que las olas de calor representan una de las amenazas más importantes para la salud pública, ya que incrementan el riesgo de deshidratación, golpes de calor, enfermedades cardiovasculares y mortalidad, especialmente en adultos mayores, niños y personas con enfermedades crónicas.

Otro de los efectos esperados es el impacto sobre la producción de alimentos. La combinación de altas temperaturas, sequías y dificultades en el suministro de fertilizantes podría reducir el rendimiento de diversos cultivos y afectar la seguridad alimentaria en varios países de la región.

Ante este escenario, gobiernos como los de Perú, México, Colombia, Ecuador y Bolivia ya han anunciado medidas preventivas para fortalecer la infraestructura, monitorear fenómenos extremos y mejorar la capacidad de respuesta frente a posibles emergencias.

Los climatólogos insisten en que el momento actual debe aprovecharse para prepararse. Aunque aún existe incertidumbre sobre la intensidad final del fenómeno, coinciden en que la planificación temprana será clave para reducir el impacto sanitario, económico y ambiental de un Súper El Niño que podría marcar un nuevo récord climático.

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