Ninguno de los 21 pacientes con perforación gastrointestinal por espinas de pescado estudiados en un hospital de Vietnam recordaba haber ingerido este cuerpo extraño. La ausencia de ese antecedente, sumada a síntomas inicialmente inespecíficos, dificultó la sospecha diagnóstica de una complicación que puede provocar peritonitis, formación de abscesos y sepsis.
La serie retrospectiva, realizada en el Hospital General de Can Tho entre junio de 2022 y agosto de 2024, incluyó pacientes de entre 39 y 85 años, con una edad media de 57,7 años. Todos presentaron dolor abdominal y el 66,7 % tuvo fiebre, mientras que el 33,3 % experimentó náuseas o vómitos. En el 76,2 % de los casos, la inflamación peritoneal estaba localizada; el resto presentó peritonitis generalizada. El tiempo medio entre el inicio de los síntomas y el ingreso hospitalario fue de 2,6 días.
El colon fue el sitio más afectado, con 13 de las 21 perforaciones (61,9 %), seguido del intestino delgado, con seis casos (28,6 %), y el estómago, con dos (9,5 %). Las espinas extraídas medían, en promedio, 2,73 centímetros. Su capacidad para atravesar la pared digestiva puede desencadenar una respuesta inflamatoria y contaminar la cavidad abdominal, aunque la presentación clínica depende de la localización y la extensión de la lesión.
La tomografía computarizada (TC) se realizó en 12 pacientes y permitió identificar la espina en 10 de ellos (83,3 %). Sin embargo, una imagen negativa no descarta la perforación, ya que la detección depende, entre otros factores, de la densidad de la espina, su orientación y la interpretación radiológica. En pacientes con peritonitis generalizada o signos claros de perforación de una víscera hueca, el equipo priorizó la cirugía de emergencia para evitar retrasos.
La laparoscopia diagnóstica se intentó en 17 pacientes y permitió localizar la perforación en todos ellos. No obstante, solo ocho procedimientos pudieron completarse por esta vía; los otros nueve requirieron conversión a cirugía abierta, principalmente por adherencias inflamatorias densas o dificultades para identificar y reparar la lesión. Los cuatro pacientes restantes fueron intervenidos mediante cirugía abierta desde el inicio. El procedimiento se adaptó al órgano afectado y a las condiciones encontradas durante la exploración.
Las complicaciones posoperatorias se registraron en cinco pacientes (23,8 %), incluidas tres infecciones del sitio quirúrgico y dos complicaciones relacionadas con sepsis. Un paciente falleció por choque séptico y falla multiorgánica, lo que representó una mortalidad del 4,8 %. La peritonitis generalizada y el mayor tiempo hasta el ingreso hospitalario se asociaron significativamente con complicaciones. Estos resultados apuntan a la importancia de reconocer y tratar la lesión antes de que la contaminación abdominal se vuelva extensa, aunque el tamaño reducido de la serie limita las conclusiones.
Los autores concluyen que la perforación gastrointestinal por espinas de pescado debe considerarse ante un abdomen agudo o una peritonitis sin causa evidente, incluso cuando el paciente no recuerde haber ingerido un cuerpo extraño. La TC puede ayudar a localizarlo y evaluar las complicaciones, mientras que la laparoscopia temprana permite confirmar el diagnóstico y, en casos seleccionados, tratar la perforación. La identificación oportuna es fundamental para reducir el riesgo de complicaciones graves.
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