La temporada invernal de virus respiratorios ya no responde a un único pico epidémico predecible. En su lugar, los sistemas de vigilancia en Europa y otras regiones del mundo describen un escenario superpuesto y dinámico, en el que coexisten influenza, virus sincitial respiratorio (VSR), SARS-CoV-2 y neumonías virales y bacterianas secundarias. A este panorama se suma ahora la expansión de un nuevo subclado de influenza A(H3N2), conocido como J.2.4.1 o “K”, que plantea nuevas interrogantes para la práctica clínica.
La gripe continúa siendo uno de los principales impulsores de enfermedad respiratoria invernal y de exceso de mortalidad, especialmente en adultos mayores. En los años posteriores a la pandemia de COVID-19, varias temporadas han estado dominadas por el subtipo A(H3N2), históricamente asociado a cuadros más graves que A(H1N1), sobre todo en personas frágiles y en pacientes con enfermedades cardíacas o pulmonares crónicas.
Desde mediados de 2025, un subclado genéticamente desplazado de A(H3N2), designado J.2.4.1 o “K”, se ha expandido con rapidez y ya representa la mayoría de los virus H3N2 secuenciados en múltiples regiones. Las detecciones se han notificado en más de 30 países en pocos meses, incluidos varios de Europa, la región del Pacífico Occidental y recientemente México. Los análisis genéticos muestran cambios relevantes en la proteína de la hemaglutinina, lo que abre la posibilidad de una mayor evasión inmune y refuerza la necesidad de vigilancia estrecha.
Virus sincitial respiratorio: más allá de la pediatría
Durante décadas, el VSR fue considerado casi exclusivamente un patógeno pediátrico. Sin embargo, hoy se reconoce como una causa importante de enfermedad respiratoria grave y hospitalización en adultos, particularmente en personas de 60 años o más.
Estudios poblacionales a gran escala muestran que la circulación del VSR se asocia de forma consistente con aumentos en las hospitalizaciones respiratorias y cardiorrespiratorias en adultos mayores. Las tasas más altas se observan en pacientes con cánceres hematológicos, residentes de centros sociosanitarios, personas con dependencia funcional grave y quienes viven con enfermedades crónicas como EPOC, asma, enfermedad cardiovascular, enfermedad renal crónica o demencia.
Neumonía: el punto final de un ecosistema viral
La neumonía invernal se entiende cada vez menos como una entidad aislada y más como el resultado clínico de este ecosistema viral complejo. Tanto la neumonía viral primaria como la neumonía bacteriana secundaria desempeñan un papel central.
Cohortes contemporáneas y revisiones recientes sobre neumonía adquirida en la comunidad, en niños y adultos, muestran que virus respiratorios —incluidos influenza A y B, VSR, rinovirus y adenovirus— se detectan al menos con la misma frecuencia que las bacterias clásicas. Además, la coinfección viral-bacteriana es un hallazgo común, con implicaciones directas para el diagnóstico, el triaje y las decisiones terapéuticas.
Este contexto plantea desafíos concretos para los profesionales de la salud: ¿cuándo testear y a quién?, ¿cómo priorizar la vacunación?, ¿en qué pacientes iniciar antivirales?, ¿cómo anticipar picos de hospitalización en etapas tempranas de la temporada?
La confirmación reciente del primer caso de A(H3N2) “K” en México subraya la urgencia de actualizar el enfoque clínico frente a los virus respiratorios de invierno. En un escenario donde múltiples patógenos cocirculan y se potencian entre sí, la toma de decisiones informada puede marcar la diferencia entre la contención temprana y la sobrecarga hospitalaria.
Para ayudar a los clínicos a poner a prueba y actualizar sus conocimientos frente a este desafío estacional, proponemos un mini-examen clínico centrado en los virus respiratorios de invierno y sus implicaciones prácticas.
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