Un estudio reciente sugiere que la terapia hormonal para la menopausia podría amplificar los beneficios de la tirzepatida, un medicamento de la familia GLP-1 indicado para el tratamiento de la obesidad, al favorecer una mayor pérdida de peso y mejoras adicionales en marcadores cardiometabólicos clave en mujeres posmenopáusicas.
La investigación, un estudio de cohorte retrospectivo realizado en el Sistema de Salud de Mayo Clinic, analizó datos de 120 mujeres posmenopáusicas con sobrepeso u obesidad que recibieron tirzepatida (Zepbound) durante al menos 12 meses.
Los resultados mostraron que aquellas que también utilizaban terapia hormonal perdieron en promedio el 19.2 % de su peso corporal, frente al 14 % observado en las mujeres que recibieron únicamente tirzepatida, una diferencia estadísticamente significativa (P = 0.0023).
Según reportaron la doctora María Daniela Hurtado Andrade, de la Clínica Mayo en Jacksonville, Florida, y sus colegas en Lancet Obstetrics, Gynaecology & Women’s Health, las usuarias de terapia hormonal perdieron aproximadamente un 35 % más de peso corporal que el grupo sin este tratamiento. Además, presentaron mejoras adicionales en parámetros cardiometabólicos, como la presión arterial diastólica, los triglicéridos y las enzimas hepáticas.
Ambos grupos experimentaron beneficios metabólicos, incluyendo reducciones en la glucemia en ayunas, la hemoglobina A1c, la presión arterial sistólica y mejoras en el colesterol HDL.
Sin embargo, solo el grupo que utilizó terapia hormonal mostró disminuciones significativas en la presión diastólica, los triglicéridos y la aspartato aminotransferasa. En contraste, el colesterol total y el colesterol LDL se mantuvieron estables en las usuarias de terapia hormonal, mientras que aumentaron ligeramente en las que no la recibieron.
Los investigadores señalaron que, si bien estas mejoras podrían estar relacionadas con la mayor pérdida de peso observada, la terapia hormonal también podría ejercer efectos beneficiosos independientes. Entre ellos se incluyen las acciones fisiológicas del estrógeno sobre el metabolismo de la glucosa y los lípidos, la función hepática, la salud vascular y la reducción de la grasa visceral.
“A continuación, planeamos probar estas observaciones en un ensayo clínico aleatorizado para determinar si los beneficios van más allá de la pérdida de peso y si la terapia hormonal potencia directamente los efectos cardiometabólicos de estos medicamentos”, explicó Hurtado Andrade. De confirmarse, añadió, los hallazgos podrían acelerar el desarrollo de estrategias basadas en evidencia para reducir el riesgo cardiometabólico en millones de mujeres posmenopáusicas.
La menopausia representa una etapa crítica que puede aumentar de forma significativa el riesgo de enfermedad cardiovascular, especialmente en mujeres con obesidad. En ese contexto, los autores subrayaron la importancia de enfoques personalizados para el manejo del peso que consideren el estado menopáusico.
En un comentario acompañante, los doctores Roberto Vettor, de la Universidad de Padua, y Mikiko Watanabe, de la Universidad de Roma, destacaron que las respuestas a los fármacos GLP-1 suelen ser más pronunciadas en mujeres, pero se atenúan en etapas posmenopáusicas, lo que sugiere un papel relevante de los esteroides sexuales, en particular del estrógeno.
Los expertos señalaron que estos hallazgos refuerzan la necesidad de estratificar los ensayos clínicos no solo por sexo, sino también por etapa de la menopausia.
El estudio incluyó mayoritariamente mujeres blancas, con una edad promedio de 56.4 años; el 77 % presentaba obesidad y una alta prevalencia de comorbilidades como dislipidemia, hipertensión y diabetes tipo 2. La mayoría de las usuarias de terapia hormonal recibían estradiol transdérmico, mientras que una proporción menor utilizaba formulaciones orales.
Entre las limitaciones del análisis, los autores señalaron el posible sesgo de selección y la limitada diversidad racial de la cohorte, factores que podrían restringir la generalización de los resultados.









