Los nitazenos, un grupo de opioides sintéticos altamente potentes, están emergiendo como una amenaza creciente dentro de la crisis global de sobredosis. Aunque menos conocidos que el fentanilo, su rápida expansión en el mercado ilegal y las dificultades para detectarlos tras la muerte están generando una peligrosa “zona ciega” epidemiológica: muchas de sus víctimas no figuran en las estadísticas oficiales.
Un nuevo estudio británico, publicado en la revista científica Clinical Toxicology, advierte que el número real de fallecimientos asociados a estas sustancias podría ser significativamente mayor de lo reportado hasta ahora.
Durante los últimos años, la atención mediática y sanitaria se ha centrado en el fentanilo debido a su papel central en la crisis de opioides en Estados Unidos. Sin embargo, los nitazenos, también pertenecientes a la familia de los opioides sintéticos, se están extendiendo rápidamente.
Su peligrosidad radica en que cantidades minúsculas, casi imperceptibles a simple vista, pueden resultar letales. Además, muchas de las víctimas reportadas son personas jóvenes, lo que incrementa la preocupación de las autoridades sanitarias.
¿Qué son los nitazenos y por qué son tan peligrosos?
Los nitazenos fueron desarrollados originalmente en la década de 1950 como posibles analgésicos. Su producción era barata y relativamente sencilla, lo que los convertía en candidatos atractivos para uso médico. Sin embargo, su extrema potencia y el alto riesgo de sobredosis impidieron su aprobación clínica.
De acuerdo con expertos liderados por Caroline Copeland, del King’s College de Londres, algunos nitazenos pueden ser hasta 500 veces más potentes que la heroína.
Actualmente, estas sustancias se consumen en múltiples presentaciones:
- Líquidos para cigarrillos electrónicos
- Pastillas
- Papel o cartón impregnado
- Mezclas con otras drogas
Según la Organización Mundial de la Salud, los nitazenos tienen efectos psicoactivos, es decir, alteran procesos mentales como la percepción, la conciencia, el estado de ánimo y la cognición.
Sobredosis: un margen letal extremadamente estrecho
El riesgo de sobredosis con nitazenos es particularmente alto debido a su reducido margen terapéutico: la diferencia entre una dosis “efectiva” y una letal es mínima.
Los principales síntomas de intoxicación incluyen:
- Pérdida del conocimiento
- Convulsiones
- Sedación profunda
- Depresión respiratoria
- Paro respiratorio
En muchos casos, un solo consumo puede ser suficiente para provocar la muerte.
Uno de los hallazgos más preocupantes del estudio británico es que las muertes por nitazenos podrían estar subregistradas en aproximadamente un tercio. La razón principal: estas sustancias se degradan rápidamente en la sangre tras el fallecimiento.
El equipo de Copeland simuló procesos toxicológicos habituales y encontró que:
- En el Reino Unido suelen pasar unas cuatro semanas antes de analizar las muestras.
- Para ese momento, solo se detecta en promedio el 14 % de la sustancia original.
Esto dificulta o incluso imposibilita atribuir correctamente la causa de muerte a los nitazenos. “Si no medimos correctamente un problema, no podemos desarrollar las medidas adecuadas”, advierte Copeland, señalando que mejorar los métodos de detección es clave para prevenir muertes evitables.
Limitaciones forenses: el caso de Alemania
El subregistro no solo depende de la degradación química, sino también de las limitaciones en los sistemas forenses.
Según el Observatorio Alemán de Drogas y Drogadicción:
- En 2024, solo el 40 % de las muertes por drogas fueron sometidas a análisis toxicológicos.
- Cerca del 80 % de los fallecimientos implican consumo de múltiples sustancias.
Esta combinación dificulta determinar con precisión qué droga causó el deceso.
Expansión acelerada en Europa
La presencia de nitazenos en el mercado europeo de drogas ha crecido de forma marcada en los últimos siete años.
Datos de la Agencia de Drogas de la Unión Europea indican que:
- En 2024, cerca de la mitad de las casi 50 nuevas sustancias psicoactivas notificadas pertenecían al grupo de los nitazenos.
Además, autoridades internacionales han emitido múltiples alertas por su proliferación.
Para 2023 y 2024, estas sustancias ya figuraban entre los opioides sintéticos más frecuentes, junto a compuestos conocidos como el fentanilo y el tramadol.
Un desafío urgente para la salud pública
El auge de los nitazenos plantea varios retos críticos:
- Mejorar métodos toxicológicos para detectar metabolitos.
- Acelerar tiempos de análisis post mortem.
- Fortalecer sistemas de alerta temprana.
- Diseñar estrategias de reducción de daños.
Sin datos precisos, advierten los investigadores, resulta imposible dimensionar la magnitud real del problema ni implementar políticas efectivas.
Los nitazenos representan una amenaza silenciosa pero creciente dentro de la crisis de opioides. Su potencia extrema, facilidad de producción y dificultad de detección están contribuyendo a un número de muertes que podría estar significativamente subestimado.
Visibilizar su impacto, mejorar los sistemas de vigilancia y actualizar las herramientas forenses será clave para evitar que estas “muertes invisibles” sigan aumentando.
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