El consumo de edulcorantes no calóricos como la sucralosa y la estevia, ampliamente utilizados en productos “light” o sin azúcar, podría tener efectos que van más allá de quien los consume. Un estudio reciente realizado en modelos animales sugiere que estas sustancias podrían influir en la salud metabólica de las siguientes generaciones.
La investigación, publicada en la revista Frontiers in Nutrition, encontró que estos endulzantes pueden alterar la microbiota intestinal y la expresión génica, cambios que, en algunos casos, se transmiten a la descendencia.
Alteraciones en la microbiota intestinal
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es el impacto de los edulcorantes en la microbiota intestinal, un componente clave en la regulación del metabolismo.
Según la investigadora Francisca Concha Celume, de la Universidad de Chile, estas sustancias pueden modificar tanto la diversidad como la composición de las bacterias intestinales. En el caso de la sucralosa, se observaron cambios en al menos 17 géneros bacterianos. Entre ellos, aumentaron bacterias asociadas a procesos inflamatorios como Desulfovibrio, Streptococcus, Ureaplasma y Candidatus Saccharimonas. Al mismo tiempo, disminuyó la presencia de Oscillibacter, una bacteria beneficiosa relacionada con la salud intestinal y el metabolismo lipídico.
Estos cambios podrían favorecer un entorno inflamatorio y aumentar el riesgo de enfermedades metabólicas en la descendencia. Para evaluar el impacto a largo plazo, los investigadores trabajaron con 47 ratones divididos en grupos que consumieron agua con o sin edulcorantes. Posteriormente, analizaron a sus descendientes durante dos generaciones, sin exposición directa a estas sustancias.
Los resultados mostraron que los edulcorantes afectan los ácidos grasos de cadena corta, compuestos clave producidos por la microbiota intestinal. Estas moléculas cumplen funciones esenciales, como:
- Mantener la salud de la barrera intestinal
- Regular el metabolismo energético
- Mejorar la sensibilidad a la insulina
Su disminución podría traducirse en mayor inflamación, estrés oxidativo y alteraciones en la regulación de la glucosa.
Además, los científicos observaron cambios en la expresión de genes relacionados con la inflamación, la función intestinal y el metabolismo, lo que sugiere posibles efectos epigenéticos heredables.
Diferencias entre sucralosa y estevia
El estudio también evidenció que no todos los edulcorantes tienen el mismo impacto.
La sucralosa mostró efectos más intensos y persistentes, afectando de forma más marcada la microbiota y la expresión génica incluso en la segunda generación. En cambio, la estevia presentó efectos más moderados y limitados a una sola generación.
Asimismo, se detectaron diferencias según el sexo y la generación:
- En la primera generación, solo los machos expuestos a sucralosa presentaron intolerancia a la glucosa.
- En la segunda generación, también se observaron niveles elevados de glucosa en descendientes de padres que consumieron sucralosa y en hembras asociadas al consumo de estevia.
A pesar de los hallazgos, los expertos insisten en que estos resultados deben interpretarse con prudencia. Los animales del estudio no desarrollaron diabetes, y los cambios observados en la regulación de la glucosa y la expresión genética fueron sutiles.
Además, especialistas como Parveen Yaqoob, de la Universidad de Reading, advierten que la evidencia sobre efectos transgeneracionales en mamíferos aún es limitada y difícil de reproducir. También subrayan que los resultados en modelos animales no necesariamente se trasladan de manera directa a los seres humanos.
¿Qué significa esto para la salud pública?
Aunque no se puede establecer una relación causal, este estudio abre nuevas preguntas sobre el impacto a largo plazo de los edulcorantes no nutritivos.
En un contexto donde su consumo es cada vez más frecuente, especialmente en productos “saludables” o para el control del peso, comprender sus efectos reales se vuelve clave. Por ahora, los investigadores coinciden en que se necesitan más estudios en humanos para confirmar si estos hallazgos tienen implicaciones clínicas reales y definir recomendaciones más precisas para su consumo.









