La genética del autismo confirma un núcleo biológico universal entre ancestrías

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Un estudio multinacional demuestra que las variantes raras y deletéreas asociadas al autismo se comparten entre poblaciones, consolidando una base molecular común más allá del origen ancestral.

Un estudio internacional liderado por el consorcio GALA confirma que la arquitectura genética del autismo asociada a variantes raras y altamente dañinas es consistente entre poblaciones latinoamericanas y cohortes predominantemente europeas, reforzando la idea de que los mecanismos biológicos centrales del trastorno son universales y no dependen de la ancestría.

La investigación constituye el mayor análisis genético realizado hasta la fecha en individuos latinoamericanos con trastorno del espectro autista (TEA). Se estudiaron 6,977 participantes, incluyendo 4,717 casos, mediante secuenciación de exoma y genoma, con énfasis en variantes raras, mutaciones de novo y pequeñas alteraciones estructurales. El objetivo fue determinar si la base genética del autismo presenta diferencias sustanciales entre grupos ancestrales o si responde a un núcleo biológico compartido.

Los resultados muestran que las variantes más relevantes para la susceptibilidad individual al autismo continúan siendo mutaciones raras y deletéreas, especialmente aquellas que surgen de novo y afectan genes altamente conservados evolutivamente. Estas alteraciones se concentran en procesos biológicos vinculados con regulación de la expresión génica, comunicación neuronal, señalización sináptica y organización del citoesqueleto, replicando patrones previamente descritos en estudios europeos.

Mediante modelos bayesianos integrativos, los autores identificaron 35 genes significativamente asociados con autismo en la cohorte latinoamericana, de los cuales 16 presentaron evidencia robusta y varios coincidieron con genes previamente implicados en cohortes internacionales. Entre ellos destacan rutas funcionales relacionadas con señalización mTOR, plasticidad sináptica y regulación transcripcional, todas ampliamente reconocidas como ejes biológicos del neurodesarrollo.

Uno de los hallazgos más relevantes es que las métricas de restricción genética, utilizadas para priorizar genes intolerantes a mutaciones dañinas, mantienen su utilidad en poblaciones diversas cuando se aplican a genes altamente conservados. Aunque estos modelos muestran cierto sesgo derivado de su construcción histórica sobre datos europeos, el estudio demuestra que conservan validez clínica y analítica en la identificación de variantes severas en otras ancestrías.

En conjunto, el estudio fortalece la noción de que la neurobiología del autismo severo es compartida entre ancestrías y que la verdadera brecha actual no está en la diferencia genética entre poblaciones, sino en la infraestructura científica disponible para interpretarla con equidad.

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