Hablar de alimentación y cáncer suele llevar rápidamente a los mitos: que determinado alimento “causa” cáncer, que eliminar completamente el azúcar puede prevenirlo o que existe una dieta específica capaz de combatir la enfermedad. Sin embargo, la relación entre nutrición y cáncer es mucho más compleja.
Para el Dr. Cristian Rodríguez Arocho, hematólogo oncólogo con subespecialidad en Trasplante de Médula Ósea y Terapia Celular, uno de los principales retos es separar las afirmaciones populares de aquello que realmente está respaldado por la ciencia. “El mito viaja más rápido que la ciencia, pero para eso estamos nosotros aquí”.
La dieta es uno de los factores que sí podemos modificar
El especialista explica que aproximadamente entre un 5 % y un 10 % de los cánceres son hereditarios, mientras que una proporción mucho mayor corresponde a enfermedades adquiridas en las que intervienen diferentes factores ambientales. Entre ellos se encuentran el tabaquismo, la actividad física, la obesidad, la diabetes y la alimentación.
La dieta por sí sola puede influir en el riesgo, pero su efecto aumenta cuando se combina con otros factores relacionados con el estilo de vida. “Un paciente que fuma, obeso, inactivo, que come comidas ultraprocesadas, pues tiene un aumento de riesgo de cáncer”. No obstante, advierte que establecer una relación directa entre un alimento específico y el cáncer no es sencillo. La nutrición involucra múltiples variables que ocurren simultáneamente y gran parte de la evidencia disponible procede de estudios observacionales.
Por ello, considera necesario interpretar estos datos con cautela y continuar realizando investigaciones que permitan establecer conclusiones más robustas.
Uno de los puntos centrales de su explicación es el aumento en el consumo de comidas ultraprocesadas. El médico utiliza la clasificación NOVA para explicar la diferencia entre alimentos naturales, ingredientes procesados y productos que han pasado por múltiples procesos industriales.
Un maní, una manzana o un guineo se encuentran entre los alimentos mínimamente procesados. En cambio, cuando a un producto se le agregan múltiples ingredientes, aceites, azúcares, grasas, edulcorantes y emulsificantes para modificar su sabor y prolongar su duración, se entra en el terreno de los ultraprocesados.
Una de las formas prácticas de identificarlos, según explica, es observar la etiqueta. “Si ustedes ven un label que tiene como 50 ingredientes… versus uno que te dice lo que tiene es maní, pues ya eso es ultraprocesado”. El especialista también destaca que el crecimiento de este tipo de productos no responde únicamente a razones nutricionales, sino que existe una dimensión económica e industrial detrás de su expansión.
Una alimentación con más fibra y plantas
Frente a este panorama, una de las recomendaciones que destaca el Dr. Rodríguez Arocho es aumentar el consumo de alimentos de origen vegetal y fibra.
Frutas, vegetales, granos, legumbres y nueces aportan fibra que, además de contribuir a la salud intestinal, sirve como sustrato para procesos relacionados con la microbiota. El especialista señala que existe una deficiencia importante de fibra en la alimentación de la población estadounidense y plantea la necesidad de recuperar hábitos alimentarios que incluyan una mayor variedad de alimentos naturales.
También menciona el ejemplo de las llamadas zonas azules, regiones conocidas por concentrar poblaciones con alta longevidad y donde tradicionalmente han predominado patrones alimentarios basados en plantas, fibra, actividad física y menor consumo de productos ultraprocesados.
¿Hay que dejar el azúcar si tengo cáncer?
Uno de los mitos que busca aclarar es la idea de que una persona diagnosticada con cáncer debe eliminar completamente el azúcar. La respuesta, explica, requiere diferenciar entre el azúcar presente naturalmente en alimentos como las frutas y el consumo habitual de productos ultraprocesados. “No es que dejes el azúcar, es que dejes la comida ultraprocesada”.
Por eso, el mensaje no consiste en convertir un solo nutriente en el enemigo, sino en analizar el patrón alimentario completo.
Una fruta contiene azúcares, pero también aporta fibra y otros componentes nutricionales. Un dulce ultraprocesado puede contener grandes cantidades de azúcares añadidos y otros ingredientes. La diferencia, por tanto, está en el contexto nutricional del alimento.
Para el hematólogo oncólogo, mejorar la alimentación también implica modificar hábitos que muchas veces se realizan de manera automática.
Propone que las personas se detengan a evaluar qué están consumiendo y qué valor nutricional aporta cada alimento. “Tenemos que tomar decisiones inteligentes y nuestros hábitos pueden ser hábitos buenos o malos”. Planificar las comidas puede ser una herramienta para evitar que el hambre determine las decisiones alimentarias.
El objetivo no es establecer una dieta perfecta, sino desarrollar hábitos que permitan aumentar el consumo de alimentos nutritivos y reducir progresivamente los productos ultraprocesados.
El Dr. Rodríguez insiste en que la relación entre dieta y cáncer no debe presentarse como una fórmula sencilla. No existe un alimento único que pueda considerarse responsable de todos los casos de cáncer ni una dieta que garantice evitar la enfermedad. El cáncer es complejo y sus causas involucran factores genéticos, ambientales y relacionados con el estilo de vida.
Por eso, mientras la investigación continúa, el especialista apuesta por decisiones que sí cuentan con fundamentos de salud general: más fibra, más alimentos de origen vegetal, menos ultraprocesados y mayor actividad física.
La alimentación no sustituye los tratamientos médicos, pero sí puede formar parte de una estrategia integral para cuidar la salud y reducir factores asociados con el riesgo de enfermedad. “Tenemos que aprender de la historia y tenemos que aprender y tomar decisiones”.









