Fracturas de hace 6.000 años revelan posible violencia infantil en Mesopotamia

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El análisis de los restos de un bebé de entre 6 y 9 meses hallados en la actual Siria identificó múltiples lesiones óseas incompatibles con varias causas naturales, en lo que podría ser uno de los casos más antiguos de violencia contra un menor documentados en el registro arqueológico.

Los restos de un bebé que vivió hace aproximadamente 6.000 años en Mesopotamia podrían constituir uno de los casos más antiguos conocidos de violencia infantil en el mundo. La evidencia procede de Tell Brak, en la actual Siria, uno de los primeros centros urbanos de la historia.

El estudio, publicado en el International Journal of Osteoarchaeology, analizó los restos de un menor que murió entre 4200 y 3900 a. C.. A partir del desarrollo de los dientes, los investigadores determinaron que el bebé tenía entre 6 y 9 meses al momento de su muerte.

El examen de los huesos reveló cuatro costillas fracturadas cerca del esternón, alteraciones en el crecimiento del fémur derecho y lesiones porosas activas en ambos lados del cráneo. Según los investigadores, este patrón sugiere que el cuerpo estuvo expuesto a fuerzas externas intensas y repetitivas.

Las fracturas costales resultaron especialmente relevantes. En bebés tan pequeños, este tipo de lesión es poco frecuente y puede constituir un indicador de trauma no accidental. Además, el equipo no encontró lesiones similares en otros niños enterrados en la misma zona, lo que convirtió este caso en una excepción dentro de la población local.

Los investigadores evaluaron otras posibles explicaciones, entre ellas raquitismo, escorbuto, traumatismos durante el nacimiento y enfermedades infecciosas. Sin embargo, las características de los huesos y el patrón de las lesiones hicieron que estas hipótesis fueran menos compatibles con los hallazgos.

Por esta razón, los autores consideran que el bebé pudo haber experimentado violencia inducida por un cuidador, un término utilizado para describir el posible origen del trauma sin atribuirlo a una persona específica ni establecer una intención que los restos arqueológicos no pueden demostrar.

Las fracturas mostraban signos de curación parcial, lo que indica que el bebé sobrevivió durante un tiempo después de sufrir las lesiones y que el trauma no habría causado una muerte inmediata.

El caso adquiere además relevancia por su contexto histórico. En la época en que vivió el bebé, Tell Brak atravesaba un proceso de transformación urbana, y los investigadores plantean que los cambios sociales asociados con las primeras ciudades pudieron modificar las dinámicas familiares y comunitarias. Sin embargo, esta posible relación sigue siendo una hipótesis.

Los casos de posible violencia infantil son excepcionalmente raros en el registro arqueológico, en parte porque los restos óseos rara vez permiten reconstruir con certeza las circunstancias que produjeron una lesión. Aun así, este estudio demuestra cómo la bioarqueología puede identificar patrones de trauma que permiten acercarse a aspectos poco visibles de la vida social en las primeras sociedades urbanas.

Fuente original aquí

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