“El riesgo de por vida de ser diagnosticado con algún tipo de cáncer en Estados Unidos es de 39.3 % tanto en hombres como en mujeres”, recuerda la licenciada en nutrición y dietética Lilyana Figueroa al abordar la relación entre la alimentación y el desarrollo de enfermedades crónicas.
A partir de este dato, la especialista subraya que los factores de estilo de vida, incluida la alimentación, se encuentran entre los riesgos más modificables cuando se habla de prevención del cáncer, lo que ha impulsado un creciente interés científico en el impacto de los patrones dietéticos.
“Existe una amplia gama de investigaciones que demuestran que los factores del estilo de vida, incluida la dieta, se encuentran entre los factores de riesgo más importantes y modificables para el cáncer”, afirma la licenciada.
En este contexto, las Guías Alimentarias 2025-2030 plantean un cambio relevante en los patrones de consumo y promueven reducir la ingesta de alimentos ultraprocesados, priorizando opciones más cercanas a su estado natural. Según la Lcda. Figueroa, esta recomendación responde a la creciente evidencia que vincula el exceso de productos altamente procesados con distintos problemas de salud.
Qué dice la evidencia sobre los alimentos ultraprocesados
Diversos estudios científicos han encontrado asociaciones entre el consumo frecuente de alimentos procesados y ultraprocesados y un mayor riesgo de enfermedades crónicas, incluido algunos tipos de cáncer. Para comprender mejor estas diferencias, muchos investigadores utilizan el sistema de clasificación NOVA.
“El sistema NOVA clasifica los alimentos en cuatro grupos dependiendo de su nivel de procesamiento, siendo el grupo uno el menos procesado y el grupo cuatro el más procesado”, detalla la nutricionista.
Este modelo permite entender que todos los alimentos pasan por algún tipo de procesamiento antes de ser consumidos, aunque no todos en el mismo grado ni con el mismo impacto nutricional.
Por ejemplo, cuando una persona lava y cocina garbanzos secos para hacerlos comestibles, estos se consideran alimentos mínimamente procesados. En cambio, los garbanzos enlatados listos para consumir se clasifican como alimentos procesados.
Sin embargo, cuando esos mismos garbanzos se utilizan para elaborar productos comerciales como hummus con estabilizantes u otros aditivos industriales, el alimento pasa a la categoría de ultraprocesado, la misma en la que se incluyen bebidas azucaradas, papas fritas y dulces comerciales.
El enfoque no es eliminar sino equilibrar
A pesar de estas clasificaciones, la especialista subraya que el objetivo de estas recomendaciones no es eliminar completamente los alimentos ultraprocesados de la dieta, sino promover un consumo más consciente y equilibrado.
“Que un alimento sea ultraprocesado no significa que sea malo, sino que debemos consumirlo con menos frecuencia”, explica la licenciada.
Desde su perspectiva, lo más importante es mantener un patrón alimentario variado que incluya alimentos frescos o mínimamente procesados. Esto implica incorporar con mayor regularidad ingredientes naturales que aporten nutrientes esenciales para la salud.
“Lo importante es incluir en la alimentación otros alimentos como el huevo, las carnes o los vegetales de hoja verde y mantener un patrón de alimentación balanceado”, concluye la especialista.









