Bacterias resistentes a los antibióticos ya habitan la fauna silvestre

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Incluso sin haber consumido antibióticos, la fauna silvestre puede actuar como reservorio y dispersor de bacterias resistentes.

La resistencia a los antibióticos ya no es un problema exclusivo de hospitales o entornos clínicos. Un nuevo estudio revela que animales silvestres, como zorros y aves, se han convertido en reservorios de bacterias resistentes, encendiendo una alarma sobre su propagación en el medioambiente.

Investigadores de la Universidad de Parma, en Italia, advierten que esta situación podría representar una amenaza silenciosa para la salud pública global, al facilitar la circulación de bacterias resistentes fuera de los sistemas sanitarios.

Fauna silvestre: un nuevo reservorio de bacterias resistentes

El estudio, publicado en Frontiers in Microbiology, analizó cerca de b fecales de animales como zorros rojos, cuervos, urracas y aves acuáticas. Estas especies, que se desplazan entre entornos urbanos, rurales y naturales, pueden adquirir y diseminar bacterias resistentes sin haber estado expuestas directamente a antibióticos.

Según el investigador Mauro Conter, los hallazgos confirman que la fauna silvestre actúa como un reservorio de resistencia clínicamente relevante. Esto significa que su monitoreo podría funcionar como un sistema de alerta temprana para detectar la propagación de estas bacterias fuera del ámbito clínico.

Uno de los hallazgos más preocupantes fue la presencia de Klebsiella pneumoniae, una bacteria capaz de causar infecciones graves como neumonía, sepsis y meningitis.

Esta bacteria se detectó en el 2 % de las muestras analizadas. Aunque la cifra puede parecer baja, los expertos advierten que incluso esta prevalencia representa contaminación ambiental por clones de alto riesgo.

Además, el 100 % de los aislados provenientes de fauna silvestre mostraron resistencia a las cefalosporinas de tercera generación, antibióticos clave en el tratamiento de infecciones graves. En contraste, en humanos la resistencia a estos fármacos alcanza el 19,6 %, según datos recientes en Europa.

Un ciclo continuo de contaminación

Los resultados evidencian un ciclo de transmisión entre humanos, animales y el medioambiente. Las bacterias resistentes pueden propagarse a través del agua y los desechos, siendo transportadas por animales a distintas distancias. Mientras los zorros contribuyen a la diseminación en tierra, las aves pueden transportar estas bacterias a largas distancias, ampliando el alcance del problema a escala global.

Los expertos señalan que la raíz del problema está en la contaminación por antibióticos, especialmente a través de aguas residuales y el uso intensivo en la ganadería.

Para frenar esta expansión, recomiendan:

  • Reducir la contaminación de antibióticos en el medioambiente
  • Mejorar el tratamiento de aguas residuales
  • Promover un uso más responsable de antimicrobianos en humanos y animales
  • Restringir el uso de antibióticos críticos para la medicina humana

Una solución desde el enfoque “One Health”

El estudio subraya la necesidad de adoptar el enfoque de “Una sola salud” (One Health), que integra la salud humana, animal y ambiental para abordar problemas complejos como la resistencia antimicrobiana. “El monitoreo rutinario de la fauna silvestre puede servir como un sistema de alerta temprana que permita intervenir antes de que la resistencia llegue a los entornos clínicos”, concluyen los investigadores.

La presencia de bacterias resistentes en la fauna silvestre evidencia que la resistencia antimicrobiana ya está profundamente integrada en los ecosistemas. Lejos de ser un problema aislado, se trata de una crisis global en expansión que requiere acciones coordinadas, sostenidas y urgentes para proteger la salud pública y el equilibrio ambiental.

Fuente original aquí

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