Un hombre de 34 años desarrolló una compleja fístula anal alta como consecuencia de una lesión penetrante traumática en el glúteo, en la que permanecieron ocultos fragmentos de un cuerpo extraño de origen vegetal.
El caso, tratado exitosamente mediante cirugía transesfintérica con preservación del esfínter, subraya los retos diagnósticos y terapéuticos asociados a este tipo de lesiones poco frecuentes.
Según el informe clínico, la presencia de cuerpos extraños retenidos tras traumatismos penetrantes en el glúteo es inusual, pero puede derivar en complicaciones severas cuando evoluciona a una fístula anal supraesfintérica.
En estos escenarios, el diagnóstico suele retrasarse debido a síntomas inespecíficos y a que los hallazgos radiológicos iniciales pueden pasar desapercibidos. Por ello, los especialistas destacan la importancia de una historia clínica detallada, la revisión cuidadosa de imágenes seriadas y un enfoque quirúrgico conservador del esfínter.
El paciente sufrió la lesión tras una caída desde cierta altura sobre zarzas leñosas. En la evaluación inicial, la radiografía no mostró alteraciones y se realizó un desbridamiento simple con sutura.
Sin embargo, durante los 18 meses posteriores presentó abscesos perianales recurrentes, drenados en múltiples ocasiones en distintos centros de salud, con marcadores inflamatorios persistentemente elevados y una herida que no lograba cicatrizar. Ni la tomografía computarizada ni la resonancia magnética tempranas lograron identificar el cuerpo extraño retenido.
Al ser referido a un centro especializado, el hombre consultó por dolor perianal, secreción purulenta e incontinencia fecal líquida. Una resonancia magnética pélvica reveló un absceso en la fosa isquiorrectal izquierda, con un foco central de baja señal sugestivo de un cuerpo extraño, así como un trayecto fistuloso anal alto. Ante estos hallazgos, se decidió realizar una cirugía transesfintérica.
Durante la intervención se extrajeron cinco fragmentos de zarza y se efectuó un drenaje adecuado del trayecto fistuloso, preservando la integridad del esfínter anal. La evolución fue favorable: la herida cicatrizó por completo en dos meses y, en el seguimiento a seis meses, no se evidenció recurrencia de la infección ni incontinencia fecal.
Los autores concluyen que, en pacientes con antecedentes de traumatismo penetrante en los glúteos que presentan infecciones perianales recurrentes o heridas de difícil cicatrización, debe considerarse la posibilidad de un cuerpo extraño oculto como causa subyacente.
Asimismo, resaltan que el uso de imagenología multimodal, en especial la resonancia magnética, y un abordaje quirúrgico transesfintérico con conservación del esfínter son claves para lograr un tratamiento exitoso, controlar la infección y preservar la función anal.


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