El cierre del año suele asociarse con celebraciones, balances y alegría. Sin embargo, para miles de adolescentes, este periodo representa un desafío emocional significativo. La ruptura de la rutina escolar, la exposición social en las fiestas y la presión de las redes sociales pueden convertir el mes de diciembre en un factor desestabilizante.
En una entrevista para Infobae, el Dr. Fabián Triskier, médico psiquiatra y miembro del Departamento Infanto Juvenil de INECO, advirtió que la adolescencia es un periodo crítico: «Al menos un 50 % de los trastornos mentales comienzan en esta etapa de la vida. El final de año puede ser un momento en el que los síntomas emerjan, pero también es una oportunidad para abordarlos adecuadamente».
El peso de la soledad y la comparación digital
Uno de los factores más influyentes en la actualidad es el uso de la tecnología. Aunque los jóvenes están más conectados que nunca, un estudio reciente demuestra que el aislamiento social físico incrementa la sensación de soledad y las respuestas de miedo ante amenazas.
Las redes sociales juegan un papel de doble filo:
- La «pesadilla» de la exclusión: Ver eventos a los que no fueron invitados o no pudieron asistir genera sentimientos de rechazo.
- Cánones de belleza inalcanzables: Especialmente en las mujeres, la comparación constante con imágenes «perfectas» fomenta un perfeccionismo dañino y juicios severos sobre el propio cuerpo.
Señales de alerta: ¿A qué debemos prestar atención?
El Dr. Triskier enfatiza la importancia de no banalizar el sufrimiento joven. Algunas señales que requieren atención inmediata son:
- Cambios de ánimo: Tristeza o retraimiento que dura más de dos semanas.
- Alteraciones físicas: Cambios de peso inexplicables, dolores de cabeza o abdominales crónicos.
- Conductas de riesgo: Abuso de sustancias, autolesiones o ideas suicidas.
- Aislamiento: Dificultad para concentrarse, desconexión o ausentismo escolar.
5 acciones para ayudar a un adolescente en crisis
Para recuperar el bienestar emocional de los jóvenes, INECO sugiere las siguientes estrategias:
- Fomentar la escucha activa: Permitir que el adolescente exprese lo que siente sin interrumpir ni emitir juicios previos.
- Acompañar y explicarle al adolescente: Dejarle claro que lo que sucede es un problema de salud, no un defecto o debilidad personal. Enfatizar que puede mejorar con un tratamiento.
- No invalidar sus emociones: Evitar frases como «no es para tanto» o «a tu edad yo no sufría por eso». El dolor, aunque no se comprenda, es real para quien lo padece.
- Promover encuentros presenciales: Incentivar actividades fuera de las pantallas para reducir la sensación de soledad digital.
- Consultar con especialistas: Ante la persistencia de síntomas, buscar ayuda profesional. La plasticidad cerebral de la adolescencia hace que las intervenciones tempranas sean sumamente eficaces.
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