“Vamos para adelante”: la lucha y victoria de María Elena Morales contra la leucemia

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María Elena Morales, sobreviviente de leucemia mieloide aguda. Foto: PHL.

Lo que comenzó como un intenso dolor en el costado que le impedía respirar terminó convirtiéndose en uno de los retos más grandes de su vida. María Elena Morales llegó al hospital por una aparente condición respiratoria, sin imaginar que, tras varios exámenes, recibiría un diagnóstico que cambiaría su rumbo: leucemia mieloide aguda con una mutación en el cromosoma 18.

“La primera vez que llegué al hospital por un dolor en el costado que no me dejaba respirar. Ahí, durante todos los exámenes que me hicieron, me refirieron a un oncólogo”, relató Morales. El proceso no fue inmediato. 

Con el paso de las semanas, su condición se agravó y en diciembre de 2023 su hemoglobina descendió peligrosamente. “La hemoglobina me bajó a cinco, yo estaba prácticamente como un papel blanca, no tenía fuerzas, ni en las rodillas”, recordó.

Fue en el Hospital Auxilio Mutuo donde recibió finalmente el diagnóstico. “En una semana el doctor Flores Pagán me diagnosticó con cáncer, leucemia mieloide aguda, con una mutación en el cromosoma 18, que es la parte más fuerte de mi condición”, explicó. Tras una biopsia, el especialista la refirió de inmediato a la doctora María García en el Hospital Universitario, donde comenzó su tratamiento.

“En menos de una semana ya estaba hospitalizada recibiendo mi primer tratamiento de quimioterapia, la bolsita colorada, como le digo yo, que es bien fuerte”, contó. Durante dos meses permaneció ingresada, recibiendo quimioterapia intensiva y observación constante. Más adelante, tras el cierre del programa en el Hospital Universitario, continuó su tratamiento en otra institución.

A lo largo del proceso, Morales destacó el apoyo humano que recibió. “Gracias a Dios primeramente y a mi familia, porque uno se apega más que nunca, y también a todo el cuerpo médico, enfermeras, hasta las personas que te llevan la comida. Yo sentía ese amor incondicional”, expresó.

De origen colombiano y con gran parte de su familia fuera de Puerto Rico, María Elena encontró fortaleza en la cercanía emocional pese a la distancia. “Mi familia estaba lejos, pero la sentía cerca. Siempre estaban conmigo por videollamadas”, dijo. 

También resaltó el apoyo de amistades y vecinos, como una vecina que la asistía cuando estaba más débil. “Ella estaba pendiente de mí, me llevaba sopa, me ayudaba a servírmela. Eso yo nunca lo olvido”.

Su mayor motor, asegura, fueron sus hijas, en especial la menor, una joven universitaria con autismo. “Ella es mi fuerza, mi motor. Yo decía: no puedo caer en depresión porque si yo me debilito, se lo transfiero a ella”, afirmó. Morales asegura que la fe fue clave para mantenerse firme. “Yo le pedí a Dios fortaleza y hasta el día de hoy no sé lo que es una depresión”. 

Además del tratamiento médico, resaltó el valor del enfoque integral en el Centro Comprensivo de Cáncer. “Aquí no es solo el tratamiento; hay apoyo emocional, psicólogos, psiquiatras. Los médicos se convierten en familia y eso hace el proceso más tranquilo”, sostuvo.

Hoy, su historia es una de victoria. “Estoy en remisión, ya cumplí un año libre de cáncer, así que vamos para adelante, a seguir viendo sueños cumplidos”, dijo con una sonrisa. El testimonio de María Elena Morales es reflejo de resiliencia, fe y del impacto que tiene el acompañamiento médico y emocional en la lucha contra el cáncer. 

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