La obesidad es una enfermedad compleja influenciada por factores genéticos, biológicos, metabólicos y ambientales. Sin embargo, los avances científicos presentados durante el Congreso Europeo de Obesidad (ECO 2026) y discutidos posteriormente por la Dra. Juliana Mociulsky, coordinadora del Comité de Obesidad y Diabetes de la Sociedad Argentina de Diabetes (SAD), están transformando la manera en que se comprende y trata esta condición.
Durante una sesión científica organizada por Novo Nordisk BASAC, la especialista destacó que el conocimiento actual sobre la biología del tejido adiposo y los mecanismos que regulan el apetito ha permitido desarrollar tratamientos más precisos, capaces de ofrecer beneficios que van más allá de la pérdida de peso.
Según explicó la Dra. Mociulsky, la obesidad no se manifiesta de la misma forma en todas las personas. Por ello, comprender cómo funciona la grasa corporal y cómo interactúa con diferentes sistemas del organismo resulta fundamental para personalizar los tratamientos.
La evidencia científica ha permitido desarrollar moléculas que imitan la acción de hormonas como GLP-1 y GIP, favoreciendo la sensación de saciedad, mejorando el metabolismo de la glucosa y promoviendo el uso de la grasa corporal como fuente de energía. «Esto marca un cambio de paradigma: contar con estrategias terapéuticas más precisas para acompañar a pacientes con distintos tipos de obesidad y con impacto real en su salud y funcionalidad», destacó la especialista.
La microbiota intestinal también participa en el desarrollo de la obesidad
Uno de los temas abordados durante la sesión fue el papel de la microbiota intestinal en el desarrollo y progresión de la obesidad.
De acuerdo con la Dra. Mociulsky, diversas investigaciones han demostrado que, debido a factores relacionados con la genética, la biología individual y los hábitos alimentarios, en las personas con obesidad pueden predominar microorganismos que afectan negativamente el metabolismo. «Las bacterias que predominan en algunos pacientes pueden atravesar una barrera intestinal más permeable, ingresar al torrente sanguíneo y generar sustancias tóxicas que impactan negativamente el metabolismo y dificultan el descenso de peso», explicó.
La especialista añadió que este fenómeno se relaciona con estados de inflamación crónica de bajo grado que contribuyen al mantenimiento de la enfermedad.
Los cambios alimentarios transforman la microbiota
La Dra. Mociulsky también destacó que la microbiota intestinal puede modificarse favorablemente cuando las personas adoptan patrones de alimentación basados en alimentos frescos y mínimamente procesados. «Está estudiado que los ultraprocesados estimulan los circuitos cerebrales de recompensa. Cuando estos alimentos comienzan a reducirse y se incorpora comida real, también empieza a cambiar la población microbiana y mejora la microbiota intestinal«.
No obstante, advirtió que la microbiota no debe abordarse como un objetivo aislado. «No sirve de nada indicar probióticos o medicación para la microbiota si no hacemos un cambio estructural de la alimentación». En ese sentido, insistió en que el manejo de la obesidad debe ser integral y contemplar simultáneamente la nutrición, la actividad física, el tratamiento farmacológico y los aspectos conductuales.
Los hallazgos discutidos durante ECO 2026 refuerzan que la obesidad es una enfermedad compleja en la que intervienen múltiples factores biológicos y ambientales. Aunque la microbiota intestinal emerge como un elemento relevante en el metabolismo y la regulación del peso corporal, la Dra. Mociulsky enfatizó que no existen soluciones aisladas.
Para la especialista, los cambios sostenibles en la alimentación, junto con la actividad física, el tratamiento farmacológico cuando está indicado y el acompañamiento profesional, continúan siendo los pilares fundamentales para mejorar la salud metabólica de las personas que viven con obesidad.









