Un inusual pero grave cuadro de gangrena del panículo abdominal después de una histerectomía por cesárea pone de relieve los riesgos extremos asociados a los trastornos del espectro de la placenta acreta (PAS), especialmente en mujeres con múltiples cesáreas previas. Así lo expone un reciente informe de caso clínico que detalla el complejo manejo de una paciente con complicaciones infecciosas e isquémicas severas tras el parto.
Los PAS son cada vez más frecuentes y se relacionan estrechamente con el aumento de las cesáreas repetidas. Estas alteraciones placentarias pueden desencadenar hemorragias posparto potencialmente mortales y, en escenarios más graves, llevar a isquemia tisular, choque séptico y complicaciones raras como la necrosis grasa del panículo abdominal, descrita previamente en cirugías con incisión de Pfannenstiel.
Detalles del caso
El reporte describe el caso de una mujer de 40 años, con embarazo gemelar y antecedentes de cinco gestaciones y cuatro cesáreas, diagnosticada durante el control prenatal con placenta previa.
A las 35 semanas se realizó una cesárea electiva, durante la cual se identificó una placenta accreta focal que obligó a un alumbramiento en fragmentos. La situación derivó en una hemorragia posparto severa que hizo necesaria una histerectomía de emergencia para salvar la vida de la paciente.
Sin embargo, el postoperatorio se complicó rápidamente. Al tercer día, la mujer desarrolló un choque séptico secundario a una infección diseminada por Escherichia coli, acompañado de isquemia intestinal no oclusiva. Este escenario desencadenó una extensa necrosis grasa del tejido abdominal y la aparición de gangrena cutánea, una complicación poco frecuente pero devastadora.
El manejo requirió un abordaje intensivo y prolongado. Se realizó un desbridamiento quirúrgico amplio de la herida, seguido de la implementación de terapia de heridas con presión negativa (TPN), utilizando un apósito de matriz de colágeno Promogram. Tras 86 días de desbridamientos seriados y TPN, se logró una curación satisfactoria de la herida, sin necesidad de injertos de piel.
Los autores del caso señalan que, aunque la hemorragia posparto asociada a placenta accreta puede intentarse manejar de forma conservadora, el riesgo de complicaciones graves sigue siendo elevado.
Destacan la importancia de un enfoque multidisciplinario que involucre obstetras, cirujanos, intensivistas y especialistas en manejo avanzado de heridas. “Incluso pacientes sin factores de riesgo típicos pueden presentar isquemia y sepsis significativas, lo que puede derivar en complicaciones como la gangrena cutánea por panículo”, concluyen los autores.









