¿Quiénes se están quedando fuera del tamizaje de cáncer colorrectal?

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Investigadores identificaron perfiles poblacionales con menor participación en los programas de cribado de cáncer colorrectal, una estrategia clave para el diagnóstico temprano.

El cáncer colorrectal continúa siendo una de las principales causas de mortalidad por cáncer a nivel mundial. Sin embargo, cuando se detecta de forma temprana mediante programas de cribado o tamizaje, las probabilidades de tratamiento exitoso y supervivencia aumentan significativamente.

Un estudio reciente realizado en la Comunidad de Madrid evidenció que, aunque la participación en el programa de detección precoz ha mejorado progresivamente entre 2020 y 2023, todavía existen grupos poblacionales que permanecen al margen de estas estrategias preventivas.

Los hallazgos muestran que los hombres presentan una mayor participación en la prueba de sangre oculta en heces que las mujeres, con tasas de 57,8 % y 53,1 %, respectivamente.

¿Quiénes son los pacientes que menos participan?

La investigación analizó información de más de 3.800 personas entre 50 y 69 años obtenida a través del Sistema de Vigilancia de Factores de Riesgo asociados a Enfermedades No Transmisibles.

Los resultados permitieron identificar perfiles específicos con menor adherencia a los programas de cribado.

En los hombres

Los grupos con menor probabilidad de realizarse la prueba fueron:

  • Hombres separados o divorciados.
  • Personas entre los 50 y 59 años.
  • Varones que viven solos o carecen de una red de apoyo cercana.

En las mujeres

Las menores tasas de participación se observaron en:

  • Mujeres viudas.
  • Mujeres nacidas fuera de España.
  • Fumadoras habituales.
  • Pacientes con bajo peso corporal.

Según los investigadores, estos hallazgos sugieren que las barreras para acceder a la prevención no son iguales para hombres y mujeres, por lo que las estrategias de captación deben adaptarse a las necesidades particulares de cada grupo.

Los hábitos saludables también influyen

El estudio encontró además que algunos comportamientos relacionados con el estilo de vida favorecen la participación en los programas preventivos.

Las personas que mantienen una alimentación rica en frutas y verduras y realizan actividad física durante su tiempo libre mostraron una mayor disposición a someterse a las pruebas de detección, especialmente en el caso de las mujeres.

Por otro lado, el nivel educativo y la clase social no presentaron diferencias significativas, lo que indica que el programa de cribado mantiene una adecuada equidad socioeconómica dentro de la región evaluada.

Una oportunidad para reforzar la prevención desde la consulta médica

Los autores consideran que estos resultados ofrecen información valiosa para los profesionales de la salud, ya que permiten identificar con mayor precisión a los pacientes con riesgo de quedar fuera de los programas de prevención.

Actualmente, los objetivos de salud pública buscan alcanzar una participación mínima del 65 % en el cribado de cáncer colorrectal para lograr una reducción significativa de la mortalidad asociada a este tumor. «Es fundamental reforzar el consejo preventivo y las estrategias de captación en los grupos más vulnerables para aumentar la detección temprana y reducir el impacto de la enfermedad».

Los hallazgos también sugieren que el apoyo social podría desempeñar un papel importante en la toma de decisiones relacionadas con la salud, especialmente entre los hombres. En las mujeres, los esfuerzos de prevención podrían enfocarse en aquellas que son inmigrantes o mantienen hábitos tabáquicos, grupos que parecen enfrentar mayores barreras para acceder al cribado o presentar una menor percepción del riesgo.

Los investigadores concluyen que incorporar una perspectiva de género en las estrategias de comunicación y educación sanitaria podría contribuir a aumentar la participación en los programas de detección precoz y permitir que más personas se beneficien de un diagnóstico oportuno.

El cribado de cáncer colorrectal sigue siendo una de las herramientas más eficaces para detectar lesiones precancerosas o tumores en etapas iniciales. Identificar a los grupos con menor participación permitirá diseñar intervenciones más precisas y efectivas, con el objetivo de que cada vez más pacientes accedan a una prueba sencilla que puede marcar la diferencia entre un tratamiento curativo y una enfermedad avanzada.

Fuente original aquí

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