El cáncer también afecta emocionalmente a los cuidadores

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Marta Sánchez Aracil, directora del Programa de Control Comprensivo de Cáncer del Centro Comprensivo de Cáncer de la UPR. Foto original de PHL.

Cuando una persona recibe un diagnóstico de cáncer, la atención suele centrarse en el paciente. Sin embargo, detrás de cada tratamiento también hay familiares, amigos o personas cercanas que enfrentan un profundo impacto emocional mientras asumen el rol de cuidadores.

Así lo afirmó Marta Sánchez Aracil, directora del Programa de Control Comprensivo de Cáncer del Centro Comprensivo de Cáncer de la UPR, quien hizo un llamado a reconocer que el proceso de la enfermedad también transforma la vida de quienes acompañan al paciente y que, por ello, requieren atención y apoyo.

«La gente suele pensar que las etapas emocionales las vive únicamente el paciente, pero la realidad es que el cuidador también atraviesa ese camino», explicó durante la Cuarta Cumbre de Sobrevivencia «Más allá de un diagnóstico de cáncer».

Explicó que tanto el paciente como su entorno cercano experimentan emociones similares tras recibir un diagnóstico oncológico. Entre ellas se encuentran la negación, la ira, el cuestionamiento de «¿por qué a mí?» y, finalmente, la aceptación.

«A veces solamente pensamos que el paciente pasa esas etapas. Pero también las vive el familiar y el cuidador. Puede ser el esposo, la esposa, un hijo, un amigo, un vecino o un compañero de trabajo. Todos hemos pasado esa ira inicial, esa negación, ese ‘¿por qué a mi mamá?, ¿por qué a mi esposo?, ¿por qué a mi hijo?’, hasta llegar a la aceptación». La especialista recordó que cualquier persona que asume la responsabilidad de acompañar a un paciente puede convertirse en cuidador, independientemente de que exista o no un vínculo familiar.

El proceso emocional no ocurre de manera lineal

Uno de los mensajes centrales de la entrevista fue que las emociones asociadas al diagnóstico no siguen un orden fijo.

Según explicó, es común que una persona pase de la aceptación nuevamente a la ira o a la negación, tanto en el caso del paciente como del cuidador. «Las etapas que enfrenta un paciente de cáncer y un cuidador no son lineales. En ocasiones el paciente hoy tiene ira y mañana pasa a la aceptación, pero al día siguiente puede volver a la negación o a preguntarse por qué le ocurrió. Lo importante es buscar ayuda y poder superar esas etapas».

Para la directora, comprender que estos cambios emocionales forman parte del proceso ayuda a enfrentar la enfermedad con mayor fortaleza y facilita la adherencia al tratamiento.

Desde el Programa de Control Comprensivo de Cáncer, el modelo de atención considera al cuidador como un componente esencial del manejo integral del paciente, este acompañamiento puede ser brindado por un cuidador formal o informal, pero en ambos casos desempeña un papel determinante durante todo el tratamiento.

«Nosotros miramos al cuidador como un eje importantísimo dentro de ese cuidado. Puede ser un hijo, un padre, una esposa o un esposo. Lo importante es entender que durante todo el continuo del tratamiento el cuidador es extremadamente importante».

Por esta razón, la Cuarta Cumbre de Sobrevivencia incluyó un espacio dedicado exclusivamente a quienes desempeñan este rol.

Los cuidadores también necesitan permiso para sentir

De acuerdo con la especialista, muchas personas que cuidan a un ser querido suelen guardar sus emociones para evitar preocupar al paciente, una actitud que puede afectar su propio bienestar. «Queremos que los cuidadores entiendan que también son importantes y que se den permiso para sentir las mismas etapas que siente el paciente. Muchas veces se las callan o las mantienen reservadas por no hacerle daño».

Añadió que reconocer esas emociones y expresarlas oportunamente puede favorecer tanto la salud mental del cuidador como la calidad del apoyo que ofrece al paciente. «Cuando entendamos mejor que el proceso del cáncer tiene unas etapas hasta llegar a la aceptación, mejor vamos a poder lidiar con ellas y ayudar al paciente».

El abordaje del cáncer no debe limitarse al tratamiento médico, sino que debe incorporar estrategias que fortalezcan el bienestar emocional tanto del paciente como de quienes lo acompañan. Buscar apoyo psicológico, compartir experiencias con otras personas que atraviesan situaciones similares y participar en espacios educativos son algunas de las herramientas que pueden facilitar este proceso.

La especialista insistió en que reconocer el impacto emocional del diagnóstico representa un paso importante para que tanto pacientes como cuidadores afronten la enfermedad con mayores recursos y resiliencia.

La directora del Programa de Control Comprensivo de Cáncer concluyó que el éxito del tratamiento no depende únicamente de los avances médicos, sino también del acompañamiento que recibe el paciente durante todo el proceso.

En ese camino, afirmó, los cuidadores dejan de ser observadores para convertirse en aliados fundamentales de la atención. «Lo importante es que el paciente tenga un tratamiento adecuado y enfrente el diagnóstico con fortaleza y aceptación. Y para lograrlo, también debemos cuidar a quienes lo acompañan».

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