Un amplio estudio de cohorte realizado en Noruega advierte que los pacientes que sobreviven a una lesión traumática presentan un riesgo significativamente mayor de suicidio en los años posteriores al alta hospitalaria.
Según los resultados, el riesgo se multiplica por nueve a los dos años en comparación con la población general, lo que plantea la necesidad de reforzar el seguimiento psicológico de este grupo vulnerable.
La investigación, basada en registros nacionales y publicada tras analizar datos entre 2014 y 2020, incluyó a 25.536 pacientes ingresados por lesiones traumáticas y registrados en el Registro Noruego de Traumas. Estos casos se compararon con 247.095 controles de la población general, emparejados por sexo y año de nacimiento en una proporción de 1:10.
Los hallazgos muestran que la incidencia acumulada de suicidio entre los sobrevivientes de una lesión traumática fue de 0,18 % a los dos años y de 0,34 % a los cinco años tras la lesión.
En contraste, entre los controles, las cifras fueron considerablemente menores: 0,02 % a los dos años y 0,05 % a los cinco años. Esto se traduce en una razón de incidencia acumulada de 9,3 a los dos años y de 6,9 a los cinco años, incluso después de ajustar por comorbilidades, antecedentes psiquiátricos y posición socioeconómica.
El estudio también identificó diferencias relevantes por edad y sexo. Los pacientes con lesiones traumáticas que fallecieron por suicidio eran, en promedio, mayores que los controles (43 frente a 36 años). Además, las mujeres que habían sufrido una lesión traumática mostraron una proporción más alta de suicidios en comparación con las mujeres del grupo control.
Los autores destacan que, aunque investigaciones previas ya sugerían una relación entre lesiones críticas y riesgo suicida, muchas se basaban en datos limitados o en estudios de un solo centro. Este análisis nacional, que integra información de cinco registros sanitarios y del Registro Noruego de Causas de Muerte, ofrece una visión más robusta del problema.
Así, los resultados indican que sobrevivir a una lesión traumática no solo implica un reto físico, sino también un riesgo psicológico considerable a mediano y largo plazo. Los investigadores señalan que estos hallazgos respaldan la implementación de estrategias sistemáticas de detección y seguimiento del distrés psicológico en pacientes dados de alta tras una lesión grave, como parte integral de su recuperación.









