Un tratamiento antirretroviral inyectable administrado cada ocho semanas logró mantener la supresión viral en el 91 % de las personas con VIH que habían presentado dificultades para cumplir con su tratamiento, según los resultados del ensayo clínico IMPALA, publicado en el New England Journal of Medicine.
La investigación, desarrollada en África, evaluó la eficacia de cabotegravir y rilpivirina de acción prolongada frente a los tratamientos antirretrovirales orales diarios, una comparación especialmente relevante para pacientes que enfrentan dificultades para mantener la continuidad de su atención médica.
El ensayo de fase IIIb incluyó a 540 adultos con VIH atendidos en siete centros de Kenia, Sudáfrica y Uganda, de los cuales 537 participaron en el análisis principal. Los participantes fueron asignados a recibir cabotegravir/rilpivirina mediante inyecciones cada ocho semanas o continuar con un régimen oral diario de tenofovir, lamivudina y dolutegravir.
A las 48 semanas, el 91 % de los pacientes del grupo inyectable presentó una carga viral inferior a 50 copias/ml, en comparación con el 89,2 % del grupo que recibió tratamiento oral. Estos resultados cumplieron el criterio de no inferioridad establecido por los investigadores.
Sin embargo, se registraron cinco casos de fracaso virológico confirmado entre quienes recibieron la terapia inyectable, frente a ninguno en el grupo oral. “Estos hallazgos se suman a la creciente evidencia que respalda la terapia de acción prolongada para personas que enfrentan dificultades con la adherencia al tratamiento, la participación en la atención médica o ambas”, señalaron Fiona Cresswell, investigadora del Instituto de Investigación de Virus de Uganda, y sus colegas.
Interrumpir el tratamiento puede aumentar hasta cuatro veces el riesgo de muerte
Uno de los principales desafíos en el manejo del VIH es mantener la adherencia al tratamiento antirretroviral, especialmente entre pacientes que enfrentan barreras para asistir a sus consultas o tomar sus medicamentos diariamente.
De acuerdo con la investigadora Fiona Cresswell, la falta de adherencia a la terapia oral puede aumentar entre dos y cuatro veces el riesgo de muerte, mientras que los incrementos de la carga viral asociados con las interrupciones pueden favorecer la transmisión del VIH. “Hoy en día, la enfermedad avanzada por VIH es principalmente un problema de abandono del tratamiento, no de diagnóstico tardío”, explicó la especialista.
En este escenario, los medicamentos inyectables de acción prolongada podrían representar una alternativa para determinados pacientes, al reducir la frecuencia de administración y permitir un seguimiento directo por parte de los profesionales de la salud.
El 93,6 % de los pacientes prefirió el tratamiento inyectable
Además de demostrar una eficacia comparable a la terapia oral, el estudio identificó una alta aceptación del tratamiento de acción prolongada.
El 93,6 % de los participantes que recibieron las inyecciones manifestó preferir este esquema frente a su tratamiento oral anterior. En cuanto a la seguridad, el 37,3 % presentó reacciones en el lugar de la inyección, todas clasificadas como leves o moderadas y sin provocar interrupciones del tratamiento.
Por otra parte, los eventos adversos de grado 3 o superior ocurrieron en el 12,2 % de los pacientes del grupo inyectable y en el 8,9 % del grupo oral, lo que refuerza la necesidad de mantener una vigilancia clínica individualizada. Los resultados de IMPALA coinciden con investigaciones anteriores. En el ensayo CARES, el 96,9 % de los pacientes tratados con cabotegravir/rilpivirina inyectable mantuvo la supresión viral a las 48 semanas, frente al 97,3 % de quienes recibieron tratamiento oral.
Asimismo, el ensayo LATITUDE, realizado en Estados Unidos, encontró menores tasas de fracaso terapéutico con la terapia inyectable de acción prolongada, en comparación con el tratamiento oral convencional: 24,1 % frente a 38,5 %.
La Dra. Aadia Rana, de la Universidad de Alabama en Birmingham, destacó que los hallazgos de IMPALA aportan evidencia para orientar la incorporación de estos tratamientos en las estrategias de atención del VIH. No obstante, la especialista advirtió que la disponibilidad limitada de cabotegravir/rilpivirina en países de ingresos bajos y medios continúa siendo uno de los principales obstáculos para ampliar su utilización.
Aunque los investigadores reconocieron limitaciones relacionadas con el diseño abierto del ensayo y las condiciones estructuradas del seguimiento clínico, los resultados fortalecen la evidencia sobre el potencial de las terapias antirretrovirales de acción prolongada para mantener el control virológico en personas con dificultades de adherencia, siempre que exista una evaluación médica adecuada y seguimiento continuo.









