La doctora Norma R. Salgado, hematóloga-oncóloga con una subespecialidad en trasplante de médula ósea, asegura que los últimos diez años han representado “una revolución total” en el tratamiento de estas enfermedades. En sus años de profesión, la especialista ha visto cómo la inmunoterapia, los anticuerpos monoclonales y las terapias celulares han cambiado el pronóstico de miles de personas.
Un cambio radical en la primera línea de tratamiento
La doctora explica que, hace apenas unos años, el tratamiento inicial del mieloma múltiple consistía en dos o tres fármacos. Hoy, las guías clínicas recomiendan cuatro. “Con medicamentos como los anticuerpos anti-CD38 se ha transformado el inicio del tratamiento; pasamos a esquemas de cuatro drogas, que son más complejos, pero también mucho más efectivos”, afirmó.
La introducción de estas terapias ha logrado respuestas más profundas y duraderas desde el primer ciclo. “La mejor respuesta que un paciente va a obtener es con la terapia inicial, por eso debemos darle lo mejor que tenemos desde el principio”, sostuvo.
Sobrevida y calidad de vida en ascenso
Hace una década, la sobrevida global del mieloma múltiple no superaba el 30 %. Hoy, el panorama es distinto. “Estamos hablando de pacientes elegibles a trasplante con una sobrevida a 10 años de más de 60 %. Eso antes era impensable”, destacó la especialista.
La mejor tolerancia de las terapias también ha mejorado la calidad de vida. “Muchos pacientes alcanzan respuestas completas o muy buenas respuestas, y las inmunoterapias son mejor toleradas que las quimioterapias tradicionales”, explicó.
Según la especialista, los avances han permitido que el mieloma múltiple se trate, en muchos casos, como una condición crónica. “Yo misma se lo digo a mis pacientes: el mieloma se ha convertido en una enfermedad crónica, como la diabetes. Si un tratamiento no funciona, tenemos otro y otro más”, detalló.
El trasplante sigue siendo clave
Aunque el arsenal terapéutico se ha expandido, el trasplante de médula ósea conserva un rol central: “El trasplante continúa siendo la terapia de consolidación para los pacientes elegibles. No ha cambiado su lugar en el algoritmo de tratamiento”, afirmó la doctora.
Para determinar la elegibilidad no se fija en la edad cronológica, sino en la condición física.
“Hoy un paciente de 75 años, si está bien físicamente, puede ir a trasplante. No miramos la edad porque todos tienen derecho a una buena calidad de vida”, subrayó.
Desafíos: acceso, costos y estudios especializados
A pesar de los avances, persisten barreras importantes. “Los agentes inmunoterapéuticos son costosos. Algunos deducibles superan los 3 mil dólares al mes, y no todos los centros ofrecen terapias como CAR-T”, señaló.
También existen limitaciones diagnósticas, especialmente en laboratorios comunitarios.
“No contamos con suficiente acceso para medir enfermedad mínima residual, que es esencial para saber cuándo modificar el tratamiento”, lamentó.
Un manejo que requiere un equipo completo
El éxito de un trasplante no recae solo en la figura médica principal. La doctora insistió en que el proceso depende de múltiples disciplinas. “Esto no se puede hacer sola. Desde el personal de limpieza hasta enfermería, farmacia, cardiología, infectología y trabajo social: todos son vitales en la vida del paciente”, enfatizó.
Con múltiples líneas de terapia —incluyendo anticuerpos monoclonales, terapias biespecíficas y CAR-T— la doctora se muestra optimista. “Estos últimos diez años hemos evolucionado muchísimo, y no nos vamos a quedar ahí. Espero que, no en un futuro muy lejano, podamos hablar de curar el mieloma múltiple”, expresó.









