“El régimen redujo el riesgo de progresión de la enfermedad o muerte en un 35 % frente a la quimioinmunoterapia estándar”, señalaron los resultados del estudio fase 3 AMPLIFY, base de la decisión de la Food and Drug Administration de autorizar esta combinación dirigida como tratamiento inicial para adultos con leucemia linfocítica crónica (LLC) no tratados previamente.
La aprobación establece un esquema de duración fija y completamente oral, diseñado para ofrecer periodos libres de tratamiento tras completar el ciclo terapéutico. Este enfoque representa un cambio clínico relevante en el manejo de la LLC, una neoplasia hematológica frecuente en adultos que suele requerir terapias prolongadas y control continuo de la enfermedad.
El régimen combina venetoclax, un inhibidor selectivo de la proteína antiapoptótica BCL-2 que favorece la muerte de células tumorales, con acalabrutinib, un inhibidor de la tirosina quinasa de Bruton que bloquea señales clave para la supervivencia de los linfocitos malignos. La estrategia terapéutica apunta simultáneamente a mecanismos complementarios de proliferación tumoral.
En el ensayo internacional AMPLIFY, pacientes con LLC sin tratamiento previo recibieron la combinación durante 14 ciclos de 28 días, demostrando superioridad clínica frente a quimioinmunoterapia basada en fludarabina, ciclofosfamida y rituximab o bendamustina con rituximab. La mediana de supervivencia libre de progresión no se alcanzó en el grupo tratado con la combinación, en comparación con 47,6 meses en el grupo estándar.
El perfil de seguridad observado fue consistente con los datos previos de cada fármaco por separado. Entre los eventos adversos más frecuentes se reportaron neutropenia, cefalea, diarrea y dolor musculoesquelético, mientras que la incidencia de síndrome de lisis tumoral fue baja, sin identificarse nuevas señales de seguridad relevantes.
La LLC se origina en linfocitos B que se acumulan progresivamente en sangre, médula ósea y ganglios linfáticos. Aunque los resultados terapéuticos han mejorado en la última década, muchos pacientes continúan enfrentando tratamientos prolongados y carga terapéutica acumulativa, por lo que los esquemas de duración definida representan una prioridad clínica.









