“Hoy sabemos que todas las pacientes con cáncer de ovario deben someterse a estudios genéticos para identificar mutaciones que puedan influir en el tratamiento”, explica la Dra. Fiorella Reyes Páez, ginecóloga oncóloga.
El tratamiento del cáncer de ovario ha evolucionado significativamente en los últimos años gracias al desarrollo de terapias dirigidas basadas en biomarcadores tumorales, un enfoque que busca adaptar el tratamiento a las características biológicas específicas de cada paciente.
Uno de los marcadores más conocidos es la mutación del gen BRCA, que no solo aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de ovario y de mama, sino que también puede determinar la elegibilidad para terapias específicas.
Además de las alteraciones hereditarias, los especialistas también analizan biomarcadores presentes directamente en el tumor, que permiten identificar nuevas oportunidades terapéuticas.
Anticuerpos conjugados marcan una nueva generación terapéutica
Uno de los avances más recientes en este campo es el desarrollo de terapias conjugadas anticuerpo-fármaco, tratamientos diseñados para dirigir la quimioterapia directamente hacia las células tumorales.
Un ejemplo es la terapia dirigida contra el receptor alfa de folato, un marcador que puede encontrarse sobreexpresado en algunos tumores de ovario.
Estas terapias funcionan mediante un anticuerpo que reconoce el receptor presente en la célula cancerosa y libera el medicamento directamente dentro del tumor, lo que aumenta la precisión del tratamiento.
“En pacientes con cáncer de ovario resistente a platino, estas terapias han mostrado respuestas que pueden alcanzar hasta un 40%, superiores a algunas quimioterapias tradicionales”, explica la especialista.
Aunque estos tratamientos aún pueden provocar efectos secundarios similares a la quimioterapia, muchos pacientes los toleran adecuadamente, lo que permite ampliar las opciones terapéuticas en escenarios donde antes existían pocas alternativas.
Según la Dra. Reyes Páez, la oncología ginecológica se encuentra actualmente en una etapa de transición hacia una medicina más personalizada, en la que el análisis molecular del tumor permitirá definir tratamientos cada vez más específicos.
“Todavía queda mucho por identificar, porque no todos los tumores expresan los mismos marcadores, pero definitivamente estamos avanzando hacia una verdadera personalización del tratamiento”, concluye.









