Los microplásticos, partículas derivadas de la degradación de materiales plásticos, están cada vez más presentes en el ambiente y pueden ingresar al organismo a través de alimentos, agua y otras fuentes de exposición.
Una de las áreas que más interés ha despertado es el intestino, debido a su contacto directo con sustancias provenientes del ambiente y a su estrecha relación con el sistema inmunitario. Investigaciones recientes han encontrado que la exposición a estas partículas puede modificar la composición de la microbiota intestinal, además de favorecer procesos de estrés oxidativo e inflamación en el tejido intestinal.
Un estudio publicado en Toxicology en 2026, por ejemplo, encontró en ratones expuestos a microplásticos de PVC un aumento de marcadores de estrés oxidativo y de moléculas inflamatorias, junto con cambios en la microbiota y una reducción de ácidos grasos de cadena corta.
Una posible conexión con las articulaciones
La preocupación no se limita al aparato digestivo. El interés científico está puesto en comprender si las alteraciones producidas en el intestino pueden contribuir a una inflamación sistémica capaz de afectar otros órganos y tejidos.
El llamado eje intestino-articulaciones parte de la interacción entre la microbiota, la barrera intestinal y el sistema inmunitario. Cuando existe un desequilibrio de estos mecanismos, pueden activarse señales inflamatorias que circulan por el organismo. Esta conexión ya ha sido estudiada en enfermedades inflamatorias intestinales. En condiciones como la enfermedad de Crohn, por ejemplo, pueden aparecer manifestaciones fuera del aparato digestivo, entre ellas inflamación articular.
En este contexto, los microplásticos representan una nueva línea de investigación, los científicos buscan determinar si su interacción con la microbiota y la respuesta inmunitaria podría contribuir a procesos inflamatorios que también tengan consecuencias musculoesqueléticas.
La microbiota tendría un papel clave
La relación podría explicarse, al menos parcialmente, por los cambios que los microplásticos provocan en el ecosistema intestinal.
Un trabajo publicado en npj Biofilms and Microbiomes en junio de 2026 encontró que la exposición crónica a microplásticos de poliestireno en ratones se relacionó con inflamación intestinal, estrés oxidativo y modificaciones en la microbiota. El estudio también observó cambios en el equilibrio entre células inmunitarias Th17 y Treg, involucradas en la regulación de la respuesta inflamatoria. Los investigadores señalaron que estos resultados muestran la necesidad de considerar los contaminantes ambientales al estudiar factores que pueden modificar la salud intestinal y la respuesta inmunitaria.
Aunque los hallazgos son motivo de interés, los especialistas advierten que todavía no se puede afirmar que los microplásticos causen enfermedades articulares en humanos. La investigación en personas continúa siendo limitada y existen importantes interrogantes sobre la cantidad de partículas que realmente se acumulan en el organismo, las dosis relevantes para la salud y los efectos de una exposición prolongada.
Sin embargo, algunos estudios recientes ya han comenzado a analizar directamente la exposición humana. Una investigación publicada en Nature Communications en abril de 2026 evaluó a 151 participantes y encontró una concentración mediana de 158,28 μg de microplásticos por gramo de materia fecal seca, además de asociaciones entre los niveles de exposición y diferentes marcadores inflamatorios.
El mismo trabajo incluyó un ensayo aleatorizado de 98 participantes y encontró que una intervención con polifenoles redujo algunos marcadores inflamatorios, entre ellos IL-1β, IL-6 e IL-8, aunque estos resultados no significan que los polifenoles sean un tratamiento establecido para los efectos de los microplásticos. La posible conexión entre microplásticos, microbiota e inflamación abre una nueva área de investigación sobre cómo los contaminantes ambientales pueden interactuar con el organismo.
Por ahora, la evidencia permite hablar de una posible vía biológica, pero no de una relación causal comprobada entre la exposición a microplásticos y las enfermedades articulares en seres humanos.
El reto para la investigación será determinar cuánto de esta exposición puede representar un riesgo real para la salud y si los cambios observados en el intestino pueden traducirse en consecuencias inflamatorias a largo plazo en otros órganos. La conexión entre el intestino y las articulaciones no es nueva para la medicina; lo novedoso es investigar si los microplásticos podrían convertirse en uno de los factores ambientales capaces de influir en ella.









